Como el mar, que es inmensamente una misma cosa y otra distinta cada vez que lo miras, así es este mundo y así también eres tú. Como el oleaje del mar, que no sabe que es una pintura que el viento dibuja con minuciosa indiferencia, así son tus obras, vagas líneas que trazan fuerzas desconocidas sobre un papel desgastado. Como aprende el viento su frenético oficio, así aprendiste tú la tarea del ser humano, sin que nadie te la enseñara. Pero, a diferencia del mar y del viento, tú tenías conciencia, y tan necesaria como la tarea era para ti la fe en la tarea.
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