lunes, agosto 31 2026

Pequeñas Salas de teatro, una alternativa más por Alberto Morate

Las Salas Alternativas hacen una labor encomiable, pero poco valorada. Parece que están perdidas en calles estrechas y sin mucho movimiento, pero viven en el corazón de los barrios y los hacen latir con esencias de actualidad y espíritu cultural. Cultural y lúdico.

Las salas pequeñas alternativas deberían estar veneradas en el mundo artístico. Son como los cines de barrio de antaño, donde íbamos a pasar las tardes mientras nos contaban historias más o menos verídicas. Las salas de teatro minoritarias hacen auténticos esfuerzos por subsistir, por mantener subvenciones ridículas, porque ningún vecino huraño los denuncie por oír de vez en vez algunas risas.

Las salas de teatro de grupos independientes, pero dependientes de un público en muchos casos invisible, dan trabajo a actores, técnicos, autores, directores y adyacentes, escenógrafos, músicos, coreógrafos… pero no se les tiene suficientemente en cuenta. Estas salas de teatro deberían ser el pan nuestro de cada día.  Lo mismo podemos asistir para ver una comedia fresca y vibrante, ágil y divertida, profesional cien por cien, excelentemente interpretada y perfectamente dirigida. Como participar de un drama de pobrezas, de guerras, de injusticias, teatro documento, histórico, memoria colectiva.

En la mayoría de los casos, estas representaciones serán producciones modestas, iba a decir de bajo presupuesto, pero no. Son de muy alto presupuesto, pues los implicados se ven forzados, en muchas ocasiones, a pedir créditos para sacar adelante una sabrosa historia, un texto contundente, espiritual, picaresco, poético, social. Y lo harán con un equipo de producción en el que, normalmente, una única persona tiene varios cometidos, y por eso los elencos, también, serán mínimos, dos o tres personajes a lo sumo, muchos monólogos, precariedad que no significa merma ni falta de calidad, sino todo lo contrario, se dejan el alma, la piel, el cuerpo, el entusiasmo, la economía, profesionales grandes en espacios pequeños.

Normalmente, la sala estará a rebosar, amigos, familiares, seguidores, es un gusto ver el aforo lleno, aunque este sea de cuarenta, cincuenta, noventa butacas. No se suelen ver rostros mediáticos y famosos, pero sí caras alegres, conocidos, buenos deseos, ganas de disfrutar del teatro. Y lo consiguen. Y esperan que no sea solo en el estreno, que en las sucesivas representaciones tengan el mismo éxito y la misma entrega del público. Y que, también, venga algún crítico, algún cronista que escriba para los medios, que les dé visibilidad, y por eso, asimismo, piden a sus espectadores que hagan buenos comentarios y valoración en las plataformas de venta de entradas, y que, si no les ha gustado, mejor que no digan nada. Pero esto no suele pasar, porque, como ya digo, la calidad es grande y sorprende ver las propuestas innovadoras y arriesgadas de muchos de los montajes. Además, porque se lo merecen, porque es necesario dar a conocer estas otras manifestaciones teatrales tan importantes como las ‘famosas’. Porque es el teatro de base, es el teatro nuestro de todos los días, es el teatro de andar por casa, pero con la misma dignidad de las grandes producciones.

Como habría que cuidar el teatro escolar, el que hacen niños, jóvenes y aficionados, el que se hace en centros culturales, el que se gesta con pequeños grupos de amigos. Por eso también, alabar que unos prestigiosos premios en Madrid, Los Premios Godot, ya en su 4ª edición, tengan una categoría para las producciones de estas salas y pequeños teatros, el Premio Godoff.

Hoy hablaba con una antigua alumna mía y actriz incipiente del teatro, que luego ha guiado sus
pasos hacia el periodismo y los reportajes de actualidad. Y me contaba que echaba de menos esos montajes donde se trabajaba la interpretación, afrontaban un personaje ante un público, se aprendía de una forma amena pero no menos rigurosa. Hay que alentar el teatro desde pequeños, hay que creer en los teatros pequeños, hay que acudir, también, a los teatros pequeños. Y en el teatro que se hace en las escuelas, en las universidades, en los centros culturales. Saquemos también el teatro a las plazas, a las calles, señores políticos de las juntas municipales y ayuntamientos varios, contraten estas compañías, revertirá en su beneficio.

Seguro que tienen en su barrio un teatro alternativo cerca. Acudan a él. Suelen tener programaciones excepcionales. Vayan al teatro. No esperen con falsas ilusiones a un Bienvenido Mr. Marshall que les saque de su anonimato; griten, si quieren, en un estadio de fútbol, pero no dejen de emocionarse y divertirse ante una actuación entrañable; háganles frente a las hermanastras de la Cenicienta con sus oropeles y afectación estudiada o a las preciosas ridículas que quieren aparentar una forma de ser que no va con ellas y conviértanse en protagonistas de su vida cotidiana. También siendo espectador se transforma uno en personaje y en creador de historias.

@Alberto Morate

@Imagen Pinterest


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