Allí estaba cubriendo su cuerpo desnudo con aceites para marcar los músculos esculpidos con el sudor del esclavo.
Aunque ahora aplaudieran sus victorias, recordaba escenas de su infancia y especialmente el día en que los romanos llegaron a su aldea. Él, hasta ese momento libre, se convirtió en esclavo.
Mañana sería el gran día. En la arena del circo demostraría su destreza de auriga: lo aclamarían las gentes convertido en un héroe, mientras él sentiría el rencor en sus venas y escupiría a los ojos de todos, la venganza por la orfandad temprana.
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