martes, septiembre 1 2026

EL AMOR ENTRE BATRACIOS by David Santaolalla

 

Alberto se suele quedar un rato en el laboratorio al final de la jornada de trabajo. Ordenando los materiales, enjuagando los tubos de ensayo y secando las pipetas. Necesita unos minutos para sí mismo, antes de volver a casa. Antes de coger el destartalado Renault y conducir por las oscuras y despobladas calles hasta su barrio. Una urbanización que tuvo su mejor época hace ya unas décadas. Deja el coche en la calle y sube los cinco escalones del adosado con su maletín, lleno de papeles, bajo el brazo. Le espera Marian con los niños acostados y la cena lista para recalentar. Rutina diaria y los fines de semana al pueblo a ver a los abuelos.

La familia de Marian vive a dos horas en coche de casa. En la montaña. A los niños les encanta la vida campestre. Las gallinas del corral, los perros y la excursión al rio a coger cangrejos y pescar truchas. Aunque la mayor parte de las veces vuelven con un grillo o algunos renacuajos. El que más disfruta es el suegro, que si pudiera se quedaría toda la semana con los nietos.

Este curso han contratado una profesora nueva de biología, recién salida de la facultad, para sustituir la baja por jubilación de don Mauro. Y Alberto es el encargado de ponerla al día. Echarle una mano y darle apoyo en lo que necesite. Se han repartido las horas lectivas y comparten ordenador y rincón en la sala de profesores. Hasta que llegue el nuevo ordenador porque el que dejó don Mauro hace tiempo que quedó obsoleto.

Los niños han traído un tarro de cristal con dos ranas que les ha dado el abuelo. Es un trofeo de la máxima categoría. A Alberto le recuerdan a los cadáveres en formol de su laboratorio y no le hace ninguna gracia.

Ya es la segunda vez que Alberto acerca a la chica nueva hasta la parada del autobús. Hay buen rollo entre ellos. Y Alberto rememora sus años de facultad. Las fiestas en el campus y las partidas de mus en la cafetería. Sonia, que es así como se llama la nueva profesora, es una chica simpática y animada. Algo así como era Marian hace diez años.

Sonia se queda un rato en el laboratorio al final de la jornada de trabajo. Acompaña a Alberto y le echa una mano. Hablan de cosas del trabajo, de la época de estudiantes y de sus aficiones personales. Se les hace tarde hablando y colocando los libros en las estanterías, junto a los tarros con animales en formol y las láminas de batracios diseccionados.

Esta semana hay vacaciones y Marian y los niños se quedan en el pueblo. Alberto se tiene que acercar al laboratorio a resolver un par de temas y les volverá a recoger el fin de semana. Tal vez coincida con Sonia y queden a cenar una hamburguesa o algo de picar. Tal vez la acerque en coche hasta su casa. Tal vez ella le invite a subir y le ofrezca una copa. Tal vez les den las tantas hablando de temas banales, contando chistes malos o recordando las disecciones de las láminas.

Marian está tejiendo un jersey con la ayuda de su madre. Los niños han vuelto del río con el abuelo y se traen una nueva rana, más grande que las anteriores. Las juntan todas en un cubo con agua. Tanto en el pueblo como en la ciudad, el amor siempre surge entre batracios.

 


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