domingo, agosto 30 2026

Inocencia by Marcos B. Tanis

La veo allí, a ella, jugando con sus muñecas y sus osos de peluche. Es tan tierna que sabe que lo hago y actúa como si no lo supiera. Griselda apenas ha cumplido seis años y hablar con ella me hace reconocer que de adultos nos volvemos tontos y la inocencia solo es un recuerdo que habíamos dejado atrás.

—Papá, ¿si tuvieras un poder?, ¿cuál sería?

Quisiera decirle que no crezca nunca y que mi poder ya lo tengo desde que ella nació. Pero debo seguirle el juego para mantener la magia de ese instante.

—Tal vez me gustaría teletransportarme o quizá tener la capacidad de regenerarme —le hablo como si ella comprendiera lo que intento decir con esos poderes que el destino puede concederme—, ¿y tú, pequeña?, ¿qué poder querrías?

—Que todo lo que dibuje, cobre vida. Que mis muñecas se levanten y se columpien en el parque o que mis osos creen su propio bosque.

Me obnubila sus pensamientos de niña. Yo pensando en convertirme en una idea de héroe y ella en la heroína de sus ideas. Sonrío, acto seguido, me aproximo y tomo una de sus muñecas.

—¿Cómo se llamaría ella y qué trabajo tendría?

—Mariposa. Ella será la cocinera, mira, aquí tengo lechugas —procede a recoger unas hojas que han caído y simula la preparación de alguna ensalada—, y nunca faltará nada —asegura.

En ese momento aparece su madre y nos ve jugando como dos niños de la misma edad. Creo que siento celos, le guiño un ojo y la invito a que se nos aproxime.

El suelo es un galimatías, todos los juguetes habían salido de la caja, como si en verdad hubiesen cobrado vida. Después cuando el juego termina, ella misma los recoge con el amparo de su ayudante profesional, o sea, yo.

—¿Y ella que poder tendría? —me dirijo a Griselda, pero la miro a mi esposa.

También sabe que su gran poder ha sido enamorarlo y darle esa posibilidad de convertirse en padre. La niña no sabe leer las miradas que se cruzan entre sus padres y lo que hay circunscrito en ellas.

—Mamá no tendrá ningún poder, ella y yo seremos las reinas de este lugar.

Observo a mi esposa, traga saliva para evitar un llanto, esto de jugar con nosotros la devuelve al pasado. Por un momento olvidamos nuestra faceta de adulto: las preocupaciones, el estrés del trabajo, los ruidos del exterior. Del mundo entero.

En ese preciso momento descubro que todos tenemos varios poderes y lo más importante es… que nos amamos.

©2025 Marcos B. Tanis


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