martes, septiembre 1 2026

ATARAXIA by Mayela Paramio

Cierro los ojos. Respiro.

Me ovillo. Siento la ingravidez en un descenso sin palabras. Silencio en calma. Respiro.

Abro los ojos, floto entre retazos de recuerdos semejantes a raíces, me escabullo de sus torpes intentos de agarrarme. Apenas me inspiran los sentimientos que un día provocaron. Ahora, indiferencia.

Vuelvo a cerrar los ojos y toco un fondo viscoso. No quiero enderezarme. Respiro. Descanso, acurrucada aun sabiéndome tendida en una tela de araña. Percibo voces lejanas, flexibles, como ondas que agitan levemente mi cuerpo: mis niños me reclaman. Hoy no puedo ser madre. Mis fuerzas se retraen. Mi marido me exige. No quiero ser esposa. Me apremia a competir quién será mejor padre. Un jirón de recuerdos arrastra obligaciones y exigencias tan faltas de cariño que azotan. Desamparo, me siento desvalida.

Respiro más profundo, desaparezco, exangüe, un poco más en cada inspiración. Aquí se está tan lejos de aquella superficie que apenas se intuye en vibraciones táctiles. Quiero permanecer un poco más inmóvil, escondida de todos y de mí como cuando de niña buceaba y las voces del mundo se perdían bajo el agua.

Alguien teje y desteje y permanezco estática. Alguien ha encontrado los hilos que llevan hacia mí, me enreda con el mimo con que la araña envuelve suavemente a su presa. Esta no es mi madriguera. Tiene dueño y conozco su nombre: Barba Azul.

 

 

 


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