CATÁSTROFE by David Santaolalla

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El asteroide no era precisamente el de “El Principito” de Saint-Exupéry. Era algo más serio. Hacía casi un año que los astrónomos lo habían descubierto y calculado su trayectoria. El riesgo de colisión era alto, más del 50% de probabilidad. La gente no se lo tomó en serio. Con el paso del tiempo los cálculos se fueron afinando. Dos noticias, una buena y otra mala: la buena era que no iba a impactar directamente con la Tierra; la mala era que iba a pasar muy cerca (¿cuánto de cerca?) y que era mucho mayor que un simple asteroide.

Al principio dijeron que sería (como mucho) del tamaño de la Luna. Pero luego resultó ser más o menos como Marte (o sea, casi tan grande como la Tierra). Y si pasaba tan cerca eso implicaría unas mareas enormes. El mar podría subir entre treinta y cuarenta metros. Suficiente para inundar todas las ciudades costeras. En el Pacífico, toda la Polinesia quedaría hundida bajo el agua. Ningún ser vivo sobreviviría, salvo los peces y las marsopas.

Se planearon evacuaciones multitudinarias. Paradójicamente, los menos afectados serían los habitantes de África y Sudamérica, y tal vez los de Siberia.

La gente se volvió loca. Histeria colectiva. Morirían millones de personas. Miles de ciudades arrasadas. A medida que el objeto se acercaba surgieron nuevas teorías. Su nombre astronómico era un batiburrillo de letras y números, pero alguien lo rebautizó como “Satán”. Y estaba claro que dio en el clavo, puesto que ese monstruo nos iba a destruir muy sádicamente.

Al final, Satán vino y se fue. Dejando, como estaba previsto, nuestro planeta hecho unos zorros. Pero, cuando creíamos que todo al fin había pasado, llegó la peor noticia. Satán nos dejó un simpático recadito. Nos sacudió tanto que la Tierra se salió de su órbita.

Al principio no se notó mucho, pero poco a poco fue cambiando la duración de los días. Cada vez más largos (y las noches también más largas). Nos estábamos alejando del sol y eso significaba que íbamos a perder poco a poco su luz y su energía. En poco tiempo la Tierra se enfriaría y la vida en el planeta empezaría a desaparecer.

La Tierra vagará solitaria por el espacio. Si no colisiona con otro planeta, saldrá del sistema solar rumbo al vacío. Sin la energía del sol la raza humana y todo vestigio de vida perecerá. Y no hay forma de pararlo ni lugar alternativo a donde ir. Ni naves espaciales suficientes para evacuarnos. Sabíamos que algún día pasaría. Que el planeta no duraría para siempre. Pero nunca pensamos que sería tan pronto ni de esta manera tan absolutamente cruel.

Hace media hora que me he despertado, he mirado por la ventana y he visto un cielo cubierto y oscuro. Me he vuelto a la cama. No sé si todo esto es real o ha sido una pesadilla. Dentro de un rato me haré un café, pondré la radio y seguramente saldré de dudas.

 

 


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