miércoles, septiembre 2 2026

Carta 4: Luis en Eritaña by Félix Molina

Cartas desde España

Niño aún, mi deseo no tenía forma…

 

Sabes que es el dominio del pavo real, que al grito ronco y agudo lo acompaña el abanico caleidoscópico, mezclando sus plumas con el viento negro de la noche. Y detrás del parque el hilo impalpable de la música sobre el jardín de la venta, enhebrando deseos que se mezclan en el aire oscuro, ya tibio, de mayo.

De niño apenas te dejaban asomarte, pero, por encima de la boñiga de las caballerizas, advertías como, enmascaradas por las voces soeces y la palpitación sin rumbo, la vida y el placer podían ser ciertos. Saltabas de la cama y, sin embozos, hacías del ventanal un templo, donde el organillo de la venta triunfaba sobre el órgano de la catedral, y los requiebros groseros eran todo el evangelio del momento.

Si te sorprendían volvías con pereza al lecho, deseoso de que toda aquella contemplación, aquel rumor agreste que te llegaba, salvaje pero vivo, de los hombres, tomara al fin cuerpo y savia en ti.

–Luis, ¿todavía despierto?

Todavía y siempre.

Otras veces era simplemente la tormenta, que estallaba en el parque y lo sometía todo a su fragor sin tregua. Entonces solo te quedaba abrazarte a la almohada, envuelto en la frescura de su bálsamo.

Con el tiempo di en llamar a todo aquello poesía.


Luis Cernuda (1902-1963) es quizá uno de los poetas más secretos de la Generación del 27. Esquivo y profundo, amante de la literatura europea (inglesa, alemana, francesa: Keats, Shelley, Coleridge, Hölderlin, Rimbaud…, lecturas que plasma en iluminadores ensayos) en tiempos en que apenas se imaginaba por España otra respiración que la propia, su poesía prolonga el eco vago y elegante de Bécquer, sevillano como él, pero anticipa toda una poética del deseo, amargamente enfrentado a la realidad, que después se continuaría con su coetáneo Juan Gil-Albert, Jaime Gil de Biedma o Luis Antonio de Villena. Además de La Realidad y el Deseo, que reúne toda su poesía, escribe una prosa que emana de los vapores del recuerdo, tamizado por esa luz amarga de lo anhelado toda una vida, como en Ocnos (que recrea Sevilla y sus alrededores sin nombrarla, como en la troquelación) o Variaciones sobre tema mexicano. En México precisamente –tras un exilio que ya había iniciado en sus adentros desde su nacimiento– muere para esta vida el 5 de noviembre de 1963.


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