Allí afuera un otoño
no acierta con la senda que orienta el agua;
se deja transcurrir
en caracolas húmedas,
apenas silencioso,
aunque mudo y distante.
Los trazos que la vida deja esbozados
no son luz ni farola,
pero ajeno a la sombra
de ceniza incipiente
ese otoño herido
ofrece el latido a una muerte segura.
El mar quizás espera
tras la cortina seca
de los retratos viejos;
quizás no aguarda el mar
la desembocadura herida del llanto.
Olvidé en la ventana
las ropas del otoño,
hoy que la lluvia no disculpa descuidos.
Es breve la luz en la noche que escribo.
@Feliciano González
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