Voces.- Franz Kafka: el escritor que quiso borrar su voz por Encarna Pérez Pérez

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Esta sección quiere visibilizar aquellas voces que otros quisieron apagar ejerciendo una agresión externa hacia la persona, su obra o sus acciones. Yo hoy quiero hablaros de una voz tan trágica que no fue ni la censura ni la historia quien quiso silenciarla: fue su propio dueño el que no quiso que fuera escuchada. Una autoagresión de una magnitud inimaginable. ¿Qué falló? Que el hombre tuvo la mala suerte de que su cómplice fuese, sin él saberlo, más amigo de su voz que de él.

Os hablo de Franz Kafka y de su obra, que sobrevivió al silencio que él intentó imponerle eliminando todo rastro de ella.

En 1924, enfermo y endeudado, creyó tener motivos para pedir a su editor que, a su muerte, destruyera todos sus manuscritos. Max Brod, que conocía lo que su escritura podía representar para la literatura del siglo XX (diarios, cartas, borradores y novelas), desobedeció la orden que Kafka dejó escrita.

¿Qué motivos tenía el escritor para dejar semejante voluntad literaria? La gran desconfianza en lo que él mismo había creado: Kafka no se concebía como alguien destinado a perdurar sino como un autor pasajero, imperfecto e indigno de ser leído. No se consideraba a sí mismo un escritor «valioso», su obra nació al margen de los centros literarios de prestigio, publicó poco y sin éxito, y, por si esto fuera poco, su identidad judía y su origen cultural lo situaban fuera del canon dominante. La sensación de ser marginal siempre lo acompañó como una nube negra que lo envolvía.

No es este el lugar para hacer un recorrido por la obra de Kafka ni la pretensión de este artículo. Basta señalar que la poca repercusión crítica de su obra, que revisaba y reescribía compulsivamente, dudando constantemente de ella, fue solamente un factor decisivo: en su intención, tuvo más influencia el hecho de que tuviera con la escritura una relación difícil y tortuosa, que sentía como una carga casi insoportable.

Pero Max Brod le desobedeció, según sus palabras, creyendo que era una petición basada en la desesperación más que en el deseo profundo. Actuó según su conciencia y publicó incluso las obras incompletas y sin pulir.

Gracias a esa traición, la voz que Kafka quiso apagar se convirtió, dicen los expertos, en una de las más influyentes del mundo contemporáneo.

La historia de Kafka es una historia de salvación que nos recuerda que hay voces que necesitan ser recuperadas incluso cuando sus dueños, aún provistos de un gran talento, las quieren hacer desaparecer.

La ironía quiso que el autor que intentó que nadie lo leyera terminó hablándole al mundo entero.

@Encarna Pérez Pérez

@Imagen Pinterest


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