En el final de la senda
del día pisado,
de horas gastadas,
el cielo derrama
la lluvia de sus lágrimas
tras la borrasca sonora
de sus lamentos dolidos,
esperando que tras la lluvia de sus sollozos
brote la amapola florida
de la esperanza de un sueño.
En el final de la senda
del día transitado,
un gorrión canta
al sopor del sol naciente
que se esconde
tras la agreste colina,
de las añoranzas gozadas
en el solazar
del lecho del río
que libre fluye
en la lejana montaña,
de un tiempo sin conocer
el seco rugir de las olas de ese mar
que boceta espuma
con su ir y venir
a la playa de sus dunas
donde bañas tus pies cansados
@Pippo Bunorrotri.
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