lunes, septiembre 7 2026

Entrevista a Manuel Sánchez con El Charco de las ranas.- Escritor y dramaturgo.- por María José Luque Fernández

Ser escritor hoy día en el mundo de consumismo en el que nos ocupamos a vivir es, a veces,
un poco complicado. No sólo es sentarse a escribir. – que tampoco a veces es tan simple como
el hecho de decirlo.- hay que organizarse, hay que promocionarse y hay que conseguir llegar al
público para vender ese libro que has escrito.

Hoy tenemos con nosotros a un escritor que se ha trabajado mucho el hecho de la difusión de
sus libros, estoy hablando del novelista y dramaturgo Manuel Sánchez.

Me paseé por su página web que os dejo en este enlace y encontré en ella una amplia selección de libros publicados que puedes adquirir desde allí mismo. Comentaros que cada uno de sus libros está traducido a varios idiomas entre ellos: inglés, francés, alemán, ruso, chino, sueco, turco, italiano y portugués y que además algunos puedes descargarlos gratuitamente y Manuel va un paso más aún, también se encuentran en formato audiolibros.

Un autor podríamos decir prolífico que había dedicado su vida a escribir novelas principalmente
aunque también algún relato y poesía. ¿Sabes a qué número ascienden las novelas publicadas? Ni más ni menos que a cuarenta y seis en sus diferentes idiomas.

Te citaré algunas de ellas: La crisálida, Las rutas del deseo, El árbol de arena y Ojos de mar.

Podríamos decir que cada escritor es un multiverso disciplinar pleno de inmersiones y así es como Manuel define su experiencia de escribir <<Escribir es mi forma de habitar el mundo: pensar, dudar, explorar y trascender los límites de la experiencia>>

Numerosas las entrevistas que hablan de sus libros, en ellas le preguntan por algunas cuestiones que yo no voy a abordar, al menos plenamente, por qué como ya sabéis no me gusta ser repetitiva y prefiero que abramos la mente y vayamos un poco más allá…

Si me gusta saber de sus lectores que nos cuentan ellos en primera persona:

  • <<Crisálida es un íntimo retrato de las relaciones de pareja>> por el escritor Joaquín Correa.
  • << Las rutas del deseo es un paseo por un mundo repleto de erotismo y de imágenes de una
    belleza sutil y lírica>> por el escritor Joaquín Correa.
  • << El árbol de arena es humana, sensible, dura. Una novela corta en extensión y profunda en
    su narrativa>> Lector de Amazon.
  • << Manuel destaca por la versatilidad para abordar diferentes géneros con el inconfundible
    sello distintivo de su estilo literario>> por el Diario La Tribuna.

Y de ese tema si quiero yo saber algo más, ¿Cuál es ese sello distintivo en tu estilo literario? Háblanos de ello.

Manuel.- Diría que mi sello está en mezclar entretenimiento, emoción, reflexión y atmósfera. Me interesa contar historias que no solo atrapen por la trama, sino que permanezcan resonando dentro del lector. Suelo moverme entre lo íntimo, lo simbólico y la reflexión existencial, con una pregunta de fondo: qué nos hace humanos. Además, para mí el contexto no es solo un escenario, sino algo que acompaña y potencia lo que viven los personajes.

Aunque escriba empleando géneros distintos, hay temas que siempre regresan: la familia, el deseo, la culpa, la traición o la redención. Y me importa mucho el lenguaje, su belleza, incluso cierta musicalidad, pero también su capacidad para abrir preguntas.

¿Cuándo fue el momento de tu vida en el que decidiste lanzarte a esta “aventura” de ser escritor y por qué?
Manuel.- La lectura me ha acompañado desde la infancia, pero el salto a la escritura fue una decisión repentina, más que un proceso natural. Hace ya diez años, tras una carrera profesional en el mundo de las multinacionales tecnológicas que prácticamente me absorbía, la escritura apareció como una necesidad, una forma de ordenar el mundo y de entenderme a mí mismo. Con el tiempo comprendí que no era solo una afición, sino una forma de estar en la vida.

Escribir me permitía  pensar, dudar, imaginar y también transformar esa experiencia compartiéndola. En un momento dado entendí que tenía que asumir esa vocación con exclusividad y recorrer ese camino hasta sus últimas consecuencias.

¿Si pudieras conversar en este momento con un personaje de una de tus novelas, a quién elegirías y de qué tema te gustaría hablar?

Manuel.- Elegiría a uno de esos personajes que habitan el tránsito, ese territorio incierto entre lo que uno ha sido y aquello en lo que todavía no sabe que se convertirá. Me gustaría hablar con él de la identidad, de las decisiones que nos transforman y de ese instante decisivo en que comprendemos que ya no podemos seguir siendo los mismos. En el fondo, muchos personajes de mis novelas —como ocurre en Alma Luna, La crisálida o en Ojos de mar— encarnan preguntas que yo también me he formulado. Conversar con ellos sería, de algún modo, seguir indagando en esas mismas preguntas.

En tus novelas hay una mezcla de historia, romance, drama y ciencia ficción, ¿Cómo haces para conseguir impregnar de todo ello a tus personajes?

Manuel.- En realidad, no parto de los géneros como compartimentos cerrados, sino como posibilidades. Lo primero para mí siempre es el personaje: su herida, su deseo, su conflicto, su mirada del mundo. A partir de ahí, la historia, el romance, el drama o incluso la ciencia ficción aparecen como distintos espejos que permiten iluminarlo. Creo que la clave está en no forzar los elementos, sino dejar que cada dimensión surja orgánicamente de la vida interior del personaje y de la historia que necesita ser contada.

Yo quiero explorar un poco más allá, ¿Por qué dejar esas reflexiones existenciales? Y los
paisajes que incluyes.- ¿has viajado mucho o te documentas sobre ellos?

Manuel.- En mi opinión, la literatura no solo debe narrar hechos, sino también interrogar la condición humana. Las reflexiones existenciales surgen de manera natural cuando uno escribe sobre el amor, la pérdida, el deseo, el tiempo, la memoria o la identidad. Son preguntas que están en la vida cotidiana y, por tanto, también deben estar en la literatura. En cuanto a los paisajes, en mi caso hay una combinación de experiencia, observación, imaginación y documentación. En numerosas ocasiones proceden de viajes reales, ya que mi trayectoria profesional en un ámbito internacional me ha permitido conocer numerosos países; otras veces nacen del viaje interior y de un trabajo paciente de investigación. Lo importante es que el escenario no sea decorativo, sino que dialogue con el estado emocional de la obra.

Como muchos de nosotros te has formado con algunos cursos de escritura y también impartes
a otros escritores, ¿Qué has encontrado en ellos? Te han cambiado tu forma de escribir o de
entender la escritura. ¿Qué intentas transmitir a tus alumnos escritores?

Manuel.- La formación me ha servido para afinar la mirada, para tomar conciencia de los mecanismos del oficio y para comprender que escribir no es solo inspiración, sino también disciplina, lectura, escucha y reescritura. No diría que me ha cambiado en lo esencial, porque la voz propia nace de un lugar más profundo, pero sí me ha ayudado a trabajarla con más lucidez y a conocer distintas metodologías. No he impartido cursos de literatura como profesor, sino que he participado en talleres, charlas y conferencias en los que intento transmitir precisamente eso: que la técnica importa, pero que no basta; que cada escritor tiene que encontrar su verdad. También intento animar a la lectura, porque es imposible escribir sin leer, a observar el mundo y a no escribir desde la prisa, sino desde la autenticidad.

¿Cómo conectas con tus lectores además de utilizar tu página web como canal difusor o a través de las redes sociales? ¿Qué piensas del uso de soportes digitales para leer, crees que aumentan el número de descargas ante las ventas del libro en papel impreso?

Manuel.- La conexión con los lectores no depende solo de los canales, sino de la obra misma. La web, las redes, los formatos digitales o los audiolibros son herramientas valiosas para tender puentes y ampliar el alcance, pero lo que realmente crea el vínculo es que el lector sienta que el libro le habla. Respecto a los soportes digitales, creo que han democratizado mucho el acceso a la lectura y han permitido alcanzar a un público que quizá al que no habría llegado el papel. Los veo como formatos complementarios. Cada lector elige su forma de acercarse al texto, y lo importante es que la literatura siga encontrando lectores.

Son 46 las novelas publicadas hasta el momento actual, ¿por qué no ir a por la número 47 en
vez de decidir tomar ese giro en el camino y enfrentarte a ese nuevo reto de escribir teatro? Y
dime ¿Qué es el teatro para ti?

Manuel.- En realidad, he publicado doce títulos, principalmente novelas, aunque un par de ellos son libros de relatos, y al estar traducidos a distintos idiomas alcanzan la cifra de cuarenta y seis ediciones. El reto del teatro surgió porque a veces la escritura te pide cambiar de respiración. No se trata de abandonar un camino, sino de explorar otras formas de expresión.

El teatro me interesaba precisamente por su desnudez, por su tensión y por su capacidad para convertir el conflicto en palabra viva y presencia. Después de muchas novelas, me apetecía enfrentarme a un lenguaje distinto, a otro ritmo, a otra arquitectura. Para mí, el teatro es palabra encarnada, pensamiento en acción, conflicto expuesto ante los ojos del otro. Tiene algo de ritual, de espejo social y de experiencia compartida que me atrae profundamente.

Después de leer algunas de tus obras, me vienen a la memoria algunos autores como Bruce Chatwin y Antonio Tabucchi que tratan el viaje no solo en el sentido físico sino también en el emocional utilizando como escenarios lugares internacionales sin olvidar a Elísabet Benavent con una narrativa fluida y cercana con tono emocional. ¿Cuales son tus referentes en Literatura? Has cultivado la lectura? ¿Cómo influye en tus obras?

Manuel.- La lectura ha sido siempre una parte fundamental de mi vida. Ningún escritor existe sin haber sido antes un lector apasionado. Mis referencias son diversas —desde los clásicos, como Homero, hasta la literatura rusa, con Tolstói; la americana, con Capote, Faulkner o Arthur Miller; y la hispana, con Rulfo, García Márquez, Javier Marías o Juan Mayorga—, y no responden a una sola tradición. Me interesan los autores que convierten el viaje en conocimiento, los que saben explorar la intimidad humana, los que tensan el lenguaje sin perder emoción y los que dejan espacio para la reflexión. La influencia de las lecturas no es imitativa, sino formativa: nos enseñan posibilidades, ensanchan nuestra sensibilidad y nos recuerdan que cada libro dialoga con otros libros.

Un título y una portada, es lo primero que llama la atención al posible lector, ¿Cómo decides qué y cómo en el caso de esta nueva obra “Charco de ranas”?

Manuel.- El título y la portada son una puerta de entrada al universo del libro. En el caso de Charco de ranas, me interesaba que ya desde el título hubiera una carga simbólica, una cierta extrañeza, una imagen que resultara sugerente y, al mismo tiempo, inquietante. No quería algo puramente descriptivo, sino una expresión que condensara el tono de la obra, su dimensión alegórica y su mirada crítica. La portada, por su parte, debía dialogar con esa atmósfera y preparar al lector para un texto que no solo cuenta una historia, sino que plantea una reflexión sobre nuestro presente.

Por qué utilizar el tema de la IA para un libro de teatro, ¿por su controversia o por su actualidad?

Manuel.- Por ambas cosas, pero sobre todo porque me parece uno de los grandes temas de nuestro tiempo. La inteligencia artificial no es solo un avance técnico: está modificando nuestra relación con el trabajo, con la creatividad, con la toma de decisiones y con la idea misma de lo humano. El teatro me parecía un espacio especialmente adecuado para llevar ese conflicto a escena, porque permite encarnar tensiones éticas y mostrar, a través del diálogo, aquello que está en juego. Más que hablar de tecnología, me interesaba hablar del ser humano frente a la tecnología.

Eres informático, ¿en algún momento te has encontrado con una situación que te haya llevado a pensar en esta trama que has utilizado en el libro?

Manuel.- Sí, de algún modo esa experiencia profesional me ha permitido observar desde dentro el mundo tecnológico: la fe en la eficiencia, la automatización de procesos, la fascinación por lo cuantificable y, a veces, el riesgo de olvidar todo lo que no cabe en una métrica. No se trata de una traslación literal de una experiencia concreta, sino de una inquietud que nace de haber convivido con ese entorno y de preguntarme hasta dónde puede llegar esa lógica si no se somete a una reflexión ética y humana.

Vamos a hablar de tus personajes, de aquellos que permiten que la trama se desenvuelva adecuadamente consiguiendo transmitir al lector aquello que has querido plasmar en la obra. 

Manuel.- Para mí, los personajes no son piezas al servicio de una tesis, sino encarnaciones vivas de un conflicto. Incluso cuando representan ideas o posiciones distintas, intento que tengan complejidad, contradicción y verdad interna. Son ellos quienes sostienen la tensión dramática y quienes permiten que el lector o el espectador no reciba solo un mensaje, sino una experiencia emocional e intelectual. En Charco de ranas, los personajes están concebidos como fuerzas en conflicto dentro de una misma pregunta: qué lugar ocupa hoy lo humano en un mundo cada vez más regido por sistemas.

¿Por qué decides que sean animales tus personajes, tiene algo que ver con la deshumanización, ese fiel reflejo de lo que, a mi parecer, se está perdiendo en la sociedad en la que habitamos? O …?

Manuel.- Sí, en parte tiene que ver con eso. El uso de animales en los personajes —con el matiz de que no se trata de actores disfrazados, sino de figuras que encarnan determinadas estructuras de poder— permite crear una cierta distancia simbólica que, paradójicamente, acerca más al lector o al espectador a la verdad del conflicto. La fábula y la alegoría tienen una larga tradición precisamente porque permiten hablar de lo humano desde un desplazamiento revelador. En este caso, me interesaba que los personajes funcionaran como espejos de conductas, estructuras y tensiones de nuestra sociedad. Esa elección ayuda a subrayar la deshumanización, pero también la fragilidad, el instinto, la jerarquía y la lucha por conservar una voz propia.

Alrededor de la página 60.- la IA toma decisiones y el Tigre dice .- <<el sistema no entiende la
creatividad>> Ahora → se define quién vale y quién no. El sistema convierte a las personas en números” “Se elimina todo lo que no es cuantificable” “El valor humano queda subordinado a la productividad” Qué crítica estás intentando hacernos llegar, ¿Es una crítica al modelo empresarial actual? ¿Podríamos extenderlo al resto del sistema?

Manuel.- Sí, hay una crítica al modelo empresarial cuando este reduce a las personas a rendimiento, datos y productividad, pero no solo a eso. La crítica es más amplia: apunta a una lógica de época en la que lo medible parece haber sustituido a lo valioso. Me preocupa especialmente la delegación de la toma de decisiones sin tener en cuenta sus fundamentos éticos y morales. La creatividad, la intuición, la singularidad, la emoción o incluso la duda no siempre pueden cuantificarse, y sin embargo forman parte esencial de lo humano. Cuando un sistema solo reconoce lo que puede convertir en dato, corre el riesgo de empobrecer la realidad. Por eso la crítica puede extenderse a muchas otras estructuras sociales, no solo a la empresa.

Tigre es ese individuo que no encaja en la sociedad, que representa valores de creatividad e individualidad y que es aislado.-cultura de cancelación.- y normalización de estos hechos creciendo en la actualidad e instaurándose en nuestras vidas. ¿Qué sentido buscas darle a este personaje en el libro y que importancia tiene? ¿Por qué crees que se tiende a “apartar” lo que es diferente, aunque valioso en sí mismo?

Manuel.- Tigre, a diferencia de Loba, que simboliza la creatividad y el cuidado de la manada, representa la ambición de poder que termina devorando al individuo y erosionando sus valores
éticos. Es un personaje incómodo porque resulta muy reconocible en la vida cotidiana: encarna ese modelo cada vez más extendido en el que un lenguaje vacío y una máscara de eficacia esconden aislamiento, fragilidad y pérdida de humanidad. Su importancia dentro de la obra radica en que concentra una de sus preguntas centrales: qué es lo que nos hace humanos y qué dejamos atrás cuando sacrificamos la autenticidad en nombre del poder, el éxito o la adaptación al sistema. Creo que muchas veces se aparta lo diferente porque obliga a revisar certezas, cuestiona el orden establecido y revela sus limitaciones. Lo distinto incomoda, pero precisamente por eso también es necesario: nos recuerda que existen otras formas de mirar, de crear y de vivir.

Cuando llegamos a ese punto de inflexión en que la IA comienza a ser autónoma en las decisiones que pueden afectar a los seres humanos, ¿Qué puede ocurrir? ¿Es factible que deje de ser una “herramienta” en mano de un individuo y pase a ser la “autoridad” ?

Manuel.- Ese es uno de los grandes riesgos: que deleguemos tanto en los sistemas que terminemos aceptando sus decisiones como si fueran neutrales o incuestionables. Toda herramienta lleva implícita una visión del mundo, unos sesgos, unos intereses y unos límites. El problema empieza cuando olvidamos eso y convertimos la herramienta en árbitro. Sí, es factible que, en determinados contextos, la IA deje de percibirse como apoyo y pase a ejercer una forma de autoridad, especialmente si se instala la idea de que lo automatizado es más objetivo que lo humano. Por eso es tan importante mantener la supervisión crítica, la responsabilidad ética y el juicio humano, siempre desde criterios éticos y morales. Como dice Loba en la obra, no todo cabe dentro de un algoritmo.

¿Podemos Manuel hablar de tu proceso creativo.- en concreto en este libro de teatro.- ?

Manuel.- En este libro, el proceso creativo fue diferente al de la novela. Aquí tenía que pensar más en la concentración, en la tensión del diálogo, en la fuerza de cada intervención y en la dimensión escénica de la palabra. La historia tenía que sostenerse no tanto por la narración como por el conflicto vivo entre voces y por cómo iba a ser representada ante el público. En teatro, los actores son quienes terminan de dar vida no solo a las palabras del texto, sino también a sus emociones, silencios y gestos. Partí de una inquietud temática muy clara, pero luego el trabajo consistió en escuchar a los personajes, depurar el lenguaje y construir una estructura que permitiera que las ideas no se quedaran en discurso abstracto, sino que se convirtieran en drama encarnado. En ese proceso me ayudaron distintas metodologías, especialmente la de Lajos Egri, y también el análisis de autores como Juan Mayorga, Antonio Buero Vallejo, Camus, David Mamet o Sarah Kane.

Si llegados a este punto, te pido que me desmenuces tu libro, ¿qué me dirías? ¿Cuál es el primer pensamiento que te asoma a la mente?

Manuel.- Diría que Charco de ranas es una reflexión dramática sobre el lugar de lo humano en una sociedad cada vez más sometida a la lógica de la automatización, la productividad y el control, donde los valores morales quedan relegados frente a discursos vacíos y máscaras de eficacia o marketing. Pero también es una defensa de la creatividad, de la diferencia y de todo aquello que no se deja reducir a cifras.

El primer pensamiento que me viene es que se trata de una obra que se pregunta qué perdemos cuando renunciamos a nuestra complejidad para adaptarnos a un sistema que solo valora lo útil y lo medible. Y, al mismo tiempo, plantea un dilema inquietante: si ciertos criterios éticos podrían llegar a ser gestionados con más coherencia por una máquina que por el egoísmo o la ambición de determinados individuos.

¿En algún momento, se te ha pasado por la cabeza llevarlo al escenario?

Manuel.- Sí, por supuesto. Cuando uno escribe teatro no puede desligarlo de la representación, de algún modo ya está imaginando la escena, las voces, los silencios, la tensión entre los personajes. Charco de ranas nace como texto dramático, así que naturalmente existe el deseo de verlo encarnado sobre un escenario. Creo que la obra podría ganar una dimensión muy poderosa en su paso a escena, precisamente porque los conflictos que plantea interpelan de forma muy directa al espectador.

Siempre hay uno más, así que cuéntanos cuál es tu próximo proyecto. ¿Quizás ya estás trabajando en él?

Manuel.- Sí, siempre hay un próximo proyecto, porque la escritura no suele detenerse del todo. Normalmente conviven varias ideas al mismo tiempo: algunas están aún en una fase intuitiva y otras ya empiezan a tomar forma. Me interesa seguir explorando nuevos territorios sin perder mi universo literario. Más que repetirme, prefiero que cada obra me exija una búsqueda distinta.

Ahora mismo estoy trabajando en una novela y, después, vendrá una obra de teatro ambientada en la antigua Roma. Eso mantiene viva la escritura y también el deseo de afrontar nuevos desafíos. En estos días el calendario nos ha mostrado el día mundial del teatro celebrando su existencia y su aportación enriquecedora a la cultura y por supuesto a la literatura, aprovecho para desearte suerte en este nuevo género en el que recién te has estrenado.

En Charco de ranas, en mi opinión, Manuel Sánchez despliega todas las armas de la narrativa para mostrarnos una visión clara del uso excesivo de una tecnología en claro auge que puede perjudicar la individualidad, creatividad y emocionalidad del individuo deshumanizándolo.

Muchas gracias Manuel por acompañarnos.

Para los que queráis saber algo más sobre este escritor os dejo su biografía.

Manuel Sánchez (España, 1967) es un apasionado de la cultura clásica y la literatura desde la infancia. Lector incansable y autor prolífico con lectores en más de treinta países, ha publicado las novelas Alma Luna, Navegantes, La crisálida, Las rutas del deseo, Última Thule, Bucaneros de estrellas, El árbol de arena, La rosa de nieve y Ojos de mar; además del libro de relatos Cajón de sastre y el volumen de pensamientos poéticos, El viento del sureste. Como dramaturgo destaca su obra teatral Charco de ranas.

Actualmente trabaja en un nuevo proyecto literario. Sus libros están disponibles en español, inglés, francés, alemán, italiano, portugués, ruso, sueco, turco y chino, en formatos papel, libro electrónico y audiolibro.

En sus obras explora la aventura, la identidad y la tensión moral, con una mirada contemporánea. Una escritura que no solo entretenga, sino que acompañe; una literatura que mire de frente la complejidad ética, los vínculos familiares, la pérdida, la culpa, el desarraigo y la posibilidad de reconstruirse. Por eso en sus historias conviven la intimidad y la aventura, la emoción y la reflexión, lo sensorial y lo simbólico.

Ingeniero Informático por la Universidad Politécnica de Madrid y MBA por el IE, es miembro de AEM (Asociación Escritores Madrid), AEMCLM (Castilla-La Mancha), Quijote y CEDRO. Ha ampliado su formación con cursos de creación literaria y arte clásico en instituciones como la Escuela de Escritores (Madrid), la Universidad de los Andes (Colombia), Wesleyan University y Yale University (Estados Unidos).

Viajero incansable, enamorado de la antigua Roma y apasionado de la astronomía, Manuel Sánchez combina en su obra una mirada humanista, sensibilidad narrativa y un permanente afán por explorar nuevos horizontes. Cada libro es un viaje: a través de paisajes, épocas y preguntas que siguen resonando cuando se cierra la última página.

http://www.manuelsanchezescritor.com

 


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