Dionisios y Ampelos
Entre fiestas y manjares corríamos desnudos,
tú, Ampelos, efímero mortal, joven y bello,
envidioso del sol, celoso de la luna,
néctar de los dioses tumbado en mi pecho.
Destinados a encontrarnos en el monte,
nuestros sueños perdidos nos guían
bebiendo el vino, oliendo las flores,
bailando juntos todas las coreografías.
Corriendo como los ciervos,
tu cuerpo envidiaba Artemisa;
cantando como las aves,
tu voz competía con Apolo.
Picando como los insectos,
nuestros ojos se reían,
nadando como los peces,
nuestras aletas se unían.
Arrogante y dulce acompañante,
hermoso, joven y dulce cáliz,
toro salvaje por Helios enviado,
río caudaloso de dulce sangre.
Resurge mi amado,
regalo de los mortales,
néctar de los dioses,
ambrosía de celestes,
transfiguración eterna.
Embriagado de vid,
el éxtasis me vino
y te descubrí.
Te bebo en cada fiesta
y te recuerdo,
te siento en cada pradera
y te recuerdo,
te huelo en cada yerba
y te recuerdo,
porque tu hermosa alma
en vino fue transformada.
@Iván A. Guerrero
@Imagen Wein.plus enciclopedia
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