A María Gloria del Río Paúl,
mi madre.
Hay un latido de plata
en el fondo del costurero.
El dedal conserva la curva
de su dedo medio,
un pequeño casco de guerra
contra los pinchazos del tiempo.
Entretanto,
las tijeras aguardan,
con las bocas abiertas,
el regreso del corte.
Con el poder de decidir
dónde cortar
y dónde empezar de nuevo.
Sobre la madera gastada
el inventario es breve:
un metal que brilla,
un pedal que enmudece,
que cuentan las batallas
de cada invierno.
Y el hilo es un camino largo
que aún me une a su sombra.
No es el silencio
lo que habita ese cuarto,
sino el eco de un traqueteo firme.
Como la música que
acompañaba tus tardes
y que hoy, aunque callada,
sigue sonando en mis manos.
La máquina de coser
era el corazón de la casa,
un pulso de hierro
que devoraba la tela,
mientras ella trazaba,
con jaboncillo y paciencia,
el mapa de mi vida.
@Carmen Salas del Río
@Imagen Pinterest
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