Hubo un tiempo en que el sí fue mi único idioma,
hasta que la epifanía rasgó el velo:
«Para salvar al mundo, debo salvarme primero»
—una frase robada de algún autor anónimo—
me enseñó que el egoísmo a veces no es ruina,
sino forja del alma en yunque silencioso.
Ya no pactaré con ecos ajenos
ni pisaré senderos que otros marcaron con tiza.
Cada huella prestada me alejaba de mí,
convertida en espejo de deseos que no me pertenecían.
Hoy trazo mi cartografía:
soy arquera y blanco.
Descubrí que bajo mi piel
late un corazón bombeado por sangre de hombres
que ganaron victorias sin armas.
Dicen que hay gente común.
Yo digo que ser «común» es mentira de espejos opacos.
Nuestro propósito es un río sin mapa aparente,
pero sé que desembocará en mar.
No pregunten el cómo ni el cuándo:
mi brújula sangra tinta del alma,
y en ella escribo «avanzar».
@Sabrina García Sánchez
@Imagen Pinterest
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