domingo, mayo 10 2026

LA PROSTITUCIÓN EN EL ANTIGUO EGIPTO. Por Elvira Martínez Ropero

De la sección «En femeNILO»

 

En artículos anteriores de En femeNilo, hemos podido comprobar cómo los derechos y situación de la mujer eran, aunque muy mejorable, bastante mejores que en el resto de civilizaciones antiguas. Pero si hay una marca desde entonces hasta la actualidad que nos sigue demostrando las grandes desigualdades entre hombres y mujeres es cómo es usado el cuerpo de la mujer como una simple mercancía que puede comprarse, tomarse o alquilarse, casi siempre impunemente y de una manera regularizada. Y en este caso, el país del Nilo parece no haber sido demasiado diferente en cuanto a su práctica de la prostitución. Lo que sí puede verse como una diferencia es que parece ser una actividad relativamente respetada (quede claro que respetar la actividad no es igual a respeto a la mujer).

No es mucha la información que se posee acerca de este oficio en la antigüedad egipcia, pues parece ser que, a pesar de su libertad para muchos asuntos, eran bastante discretos en cuanto a sus actividades sexuales, existiendo excepciones como veremos.

La prostitución en el Antiguo Egipto, surgió estrechamente vinculada a la divinidad, había una especie de prostitución sagrada, relacionada con la actividad de los templos. Estas mujeres relacionadas con el culto y lo sagrado tenían una importante consideración social y un buen estatus. Muy diferente sería el caso de las “kat tahut”, cuya traducción contiene la propia palabra prostituta con carácter despectivo y la palabra vulva, lo que deja patente el carácter de mercancía que lleva implícito el término. La prostitución de este tipo se encontraba ligada al baile, del que solían ser expertas, así como en el arte de la seducción, la música y el canto. Que estas mujeres estuvieran tan vinculadas a la música y el arte ha hecho pensar a los estudiosos que fueran mujeres cultas que no solo se dedicaba a vender su cuerpo para el placer, como también sabemos que ocurría en el caso de este tipo de mujeres en la Antigua Grecia.

Bailarina real realizando acrobacias sobre un Ostraca

Se evidencia en algunos testimonios y/o leyendas sobre el Antiguo Egipto que se trata de una actividad a la que algunas mujeres se veían sometidas, de hecho se cuenta que Keops llegó a usar a su hija, prostituyéndola para poder conseguir los fondos necesarios para construir la gran pirámide, historia que cuenta Heródoto, pero que tenemos que ver con perspectiva pues este visitó Egipto dos mil años después de la muerte de Keops, por lo que probablemente se trate de una leyenda negra usada para ejemplificar la reconocida crueldad del faraón. Pero sí nos sirve para darnos cuenta de que prostituir a alguien se veía como un acto cruel.

Del mismo modo, hay testimonios en los que está implícita el uso de prostitutas para agasajar a los invitados extranjeros, ya sea recibiéndoles con ellas o enviando una como regalo. Aunque no es solo algo de cortesía diplomática, parece ser que también jóvenes mujeres eran regaladas a los sacerdotes para su compañía, de nuevo vinculando la acción a la divinidad, pero estas eran abandonadas con el tiempo cuando se cansaban de ellas y tras esto, podían dedicarse a la prostitución o casarse libremente (recordemos que la virginidad no era indispensable para contraer matrimonio).

Representación del dios Bes (Dendera)

Sobre el aspecto y lugar de las prostitutas se sabe que estas solían llevar un tatuaje en la pierna y adornarse mucho con joyería. El uso de tatuajes en un principio no estaba generalizado pero la costumbre se fue acrecentando de pequeños dibujos geométricos a representaciones del dios Bes en los muslos (dios que además de otras funciones tenía una vinculación con el amor y el placer). También existían las ‘felatrices’, especialistas en felaciones, que se distinguían de otro tipo de prostituta por llevar sus labios pintados de intenso rojo. Las llamadas casas de la cerveza era el lugar habitual para encontrarlas, de hecho en los libros de sabiduría egipcios hay pasajes que recomiendan evitar estos lugares, pues para los egipcios todo exceso era algo a evitar para vivir en armonía. Es decir, la prostitución estaba normalizada en la sociedad pero eso no implicaba que fuese una actividad bien vista en la sociedad.

En estas casas de las cervezas el alcohol hacía sus estragos, ya se conocían los evidentes efectos del exceso de alcohol y podían ser expulsados del lugar por su comportamiento, su incapacidad para sostenerse en pie y sus vómitos. Todo esto sumaba razones para ver con malos ojos este lugar. También se conocía que el frecuentar los lupanares estaba asociado a contraer enfermedades venéreas. Así, se temía que los jóvenes se hicieran asiduos de los servicios de la prostitución y del alcohol, pues esta actitud les alejaba de sus obligaciones estudiantiles y su comportamiento se volvía indeseable. Una de las teorías más aceptadas es que estas casas de la cerveza podían funcionar como bares corrientes en los que la gente se reunía, pero trascurridas las horas la gente “decente” iría regresando a sus casas y quedando allí los ebrios, prostitutas y aquellos que se dejaban llevar por los vicios, alejándose del equilibrio que la diosa Maat exigía.

Fragmento del papiro erótico de Turín

El papiro erótico de Turín es una muestra única de cómo podía ser el interior de una casa de la cerveza, en él se desarrolla, principalmente a través de dibujos. En estos dibujos se muestran diferentes escenas de carácter sexual, acompañadas de texto. Llama la atención que el hombre (o hombres) representado tiene formas alejadas del perfeccionamiento del arte egipcio, calvo y bajito con su miembro viril exageradamente grande, aparece junto a mujeres hermosas con flores e instrumentos musicales que mantienen relaciones sexuales con él en diferentes posturas. Una de las creencias sobre este papiro es que muestra la noche o noches de un joven en una casa de la cerveza.

Cuando el Imperio Romano acabó con el Antiguo Egipto, tomando su territorio, la prostitución pasó a ser como en el resto de sus territorios, una actividad regulada que estaba obligada a pagar impuestos y tener registradas a las mujeres que la ejercían, lo que llevó a que desapareciera la prostitución sagrada y los lupanares se convirtiera en algo aún más marginal.

Fuera cual fuera la regulación y estatus de la prostitución lo que queda patente es que su finalidad era la misma que en la actualidad, el comercio con el cuerpo de la mujer, el uso de este como mercancía, moneda de cambio o medio de vida. Miles de años no han cambiado la capitalización del cuerpo, acción que sabemos que convierte todo en objeto que tristemente se puede devaluar.


 

 

Elvira Martínez Ropero. Escritora

Nací y crecí en Trobajo del Camino, León. Estudié Filología Hispánica en la Universidad de León, completando estos estudios con el CAP y un Master de Literatura Comparada. He participado en varios congresos de la Sociedad Española de Humanistas y en algunos recitales de poesía, afición que desembocó en la publicación de mi poemario Luciérnagas en el desierto y que ha impulsado mis ganas de seguir creando versos.  La predilección por las culturas antiguas nunca ha salido de mi formación, desde el estudio de lenguas antiguas: latín, griego, hebreo, egipcio e incluso un poco de sumerio; hasta la obtención del título de Egiptología del Museo Liceo Egipcio de León.  Mi carrera profesional se ha volcado en la enseñanza de Lengua y Literatura en secundaria y bachillerato. También estoy trabajando en el Museo Liceo Egipcio de León en la traducción de textos jeroglíficos con un maravilloso equipo, así como realizo en el mismo una visita teatralizada nocturna que escenifica los ritos de muerte y resurrección del Antiguo Egipto.

De la sección «En femeNILO»

 

En artículos anteriores de En femeNilo, hemos podido comprobar cómo los derechos y situación de la mujer eran, aunque muy mejorable, bastante mejores que en el resto de civilizaciones antiguas. Pero si hay una marca desde entonces hasta la actualidad que nos sigue demostrando las grandes desigualdades entre hombres y mujeres es cómo es usado el cuerpo de la mujer como una simple mercancía que puede comprarse, tomarse o alquilarse, casi siempre impunemente y de una manera regularizada. Y en este caso, el país del Nilo parece no haber sido demasiado diferente en cuanto a su práctica de la prostitución. Lo que sí puede verse como una diferencia es que parece ser una actividad relativamente respetada (quede claro que respetar la actividad no es igual a respeto a la mujer).

No es mucha la información que se posee acerca de este oficio en la antigüedad egipcia, pues parece ser que, a pesar de su libertad para muchos asuntos, eran bastante discretos en cuanto a sus actividades sexuales, existiendo excepciones como veremos.

La prostitución en el Antiguo Egipto, surgió estrechamente vinculada a la divinidad, había una especie de prostitución sagrada, relacionada con la actividad de los templos. Estas mujeres relacionadas con el culto y lo sagrado tenían una importante consideración social y un buen estatus. Muy diferente sería el caso de las “kat tahut”, cuya traducción contiene la propia palabra prostituta con carácter despectivo y la palabra vulva, lo que deja patente el carácter de mercancía que lleva implícito el término. La prostitución de este tipo se encontraba ligada al baile, del que solían ser expertas, así como en el arte de la seducción, la música y el canto. Que estas mujeres estuvieran tan vinculadas a la música y el arte ha hecho pensar a los estudiosos que fueran mujeres cultas que no solo se dedicaba a vender su cuerpo para el placer, como también sabemos que ocurría en el caso de este tipo de mujeres en la Antigua Grecia.

Bailarina real realizando acrobacias sobre un Ostraca

Se evidencia en algunos testimonios y/o leyendas sobre el Antiguo Egipto que se trata de una actividad a la que algunas mujeres se veían sometidas, de hecho se cuenta que Keops llegó a usar a su hija, prostituyéndola para poder conseguir los fondos necesarios para construir la gran pirámide, historia que cuenta Heródoto, pero que tenemos que ver con perspectiva pues este visitó Egipto dos mil años después de la muerte de Keops, por lo que probablemente se trate de una leyenda negra usada para ejemplificar la reconocida crueldad del faraón. Pero sí nos sirve para darnos cuenta de que prostituir a alguien se veía como un acto cruel.

Del mismo modo, hay testimonios en los que está implícita el uso de prostitutas para agasajar a los invitados extranjeros, ya sea recibiéndoles con ellas o enviando una como regalo. Aunque no es solo algo de cortesía diplomática, parece ser que también jóvenes mujeres eran regaladas a los sacerdotes para su compañía, de nuevo vinculando la acción a la divinidad, pero estas eran abandonadas con el tiempo cuando se cansaban de ellas y tras esto, podían dedicarse a la prostitución o casarse libremente (recordemos que la virginidad no era indispensable para contraer matrimonio).

Representación del dios Bes (Dendera)

Sobre el aspecto y lugar de las prostitutas se sabe que estas solían llevar un tatuaje en la pierna y adornarse mucho con joyería. El uso de tatuajes en un principio no estaba generalizado pero la costumbre se fue acrecentando de pequeños dibujos geométricos a representaciones del dios Bes en los muslos (dios que además de otras funciones tenía una vinculación con el amor y el placer). También existían las ‘felatrices’, especialistas en felaciones, que se distinguían de otro tipo de prostituta por llevar sus labios pintados de intenso rojo. Las llamadas casas de la cerveza era el lugar habitual para encontrarlas, de hecho en los libros de sabiduría egipcios hay pasajes que recomiendan evitar estos lugares, pues para los egipcios todo exceso era algo a evitar para vivir en armonía. Es decir, la prostitución estaba normalizada en la sociedad pero eso no implicaba que fuese una actividad bien vista en la sociedad.

En estas casas de las cervezas el alcohol hacía sus estragos, ya se conocían los evidentes efectos del exceso de alcohol y podían ser expulsados del lugar por su comportamiento, su incapacidad para sostenerse en pie y sus vómitos. Todo esto sumaba razones para ver con malos ojos este lugar. También se conocía que el frecuentar los lupanares estaba asociado a contraer enfermedades venéreas. Así, se temía que los jóvenes se hicieran asiduos de los servicios de la prostitución y del alcohol, pues esta actitud les alejaba de sus obligaciones estudiantiles y su comportamiento se volvía indeseable. Una de las teorías más aceptadas es que estas casas de la cerveza podían funcionar como bares corrientes en los que la gente se reunía, pero trascurridas las horas la gente “decente” iría regresando a sus casas y quedando allí los ebrios, prostitutas y aquellos que se dejaban llevar por los vicios, alejándose del equilibrio que la diosa Maat exigía.

Fragmento del papiro erótico de Turín

El papiro erótico de Turín es una muestra única de cómo podía ser el interior de una casa de la cerveza, en él se desarrolla, principalmente a través de dibujos. En estos dibujos se muestran diferentes escenas de carácter sexual, acompañadas de texto. Llama la atención que el hombre (o hombres) representado tiene formas alejadas del perfeccionamiento del arte egipcio, calvo y bajito con su miembro viril exageradamente grande, aparece junto a mujeres hermosas con flores e instrumentos musicales que mantienen relaciones sexuales con él en diferentes posturas. Una de las creencias sobre este papiro es que muestra la noche o noches de un joven en una casa de la cerveza.

Cuando el Imperio Romano acabó con el Antiguo Egipto, tomando su territorio, la prostitución pasó a ser como en el resto de sus territorios, una actividad regulada que estaba obligada a pagar impuestos y tener registradas a las mujeres que la ejercían, lo que llevó a que desapareciera la prostitución sagrada y los lupanares se convirtiera en algo aún más marginal.

Fuera cual fuera la regulación y estatus de la prostitución lo que queda patente es que su finalidad era la misma que en la actualidad, el comercio con el cuerpo de la mujer, el uso de este como mercancía, moneda de cambio o medio de vida. Miles de años no han cambiado la capitalización del cuerpo, acción que sabemos que convierte todo en objeto que tristemente se puede devaluar.


 

 

 

Elvira Martínez Ropero. Escritora

Nací y crecí en Trobajo del Camino, León. Estudié Filología Hispánica en la Universidad de León, completando estos estudios con el CAP y un Master de Literatura Comparada. He participado en varios congresos de la Sociedad Española de Humanistas y en algunos recitales de poesía, afición que desembocó en la publicación de mi poemario Luciérnagas en el desierto y que ha impulsado mis ganas de seguir creando versos.  La predilección por las culturas antiguas nunca ha salido de mi formación, desde el estudio de lenguas antiguas: latín, griego, hebreo, egipcio e incluso un poco de sumerio; hasta la obtención del título de Egiptología del Museo Liceo Egipcio de León.  Mi carrera profesional se ha volcado en la enseñanza de Lengua y Literatura en secundaria y bachillerato. También estoy trabajando en el Museo Liceo Egipcio de León en la traducción de textos jeroglíficos con un maravilloso equipo, así como realizo en el mismo una visita teatralizada nocturna que escenifica los ritos de muerte y resurrección del Antiguo Egipto.


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