martes, julio 28 2026

Voces alzadas desde el silencio.- Nuevos retos.- LaNuestra, IA feminista por Lucía Pastor Dueñas

Cuando el silencio empieza a organizarse

Durante demasiado tiempo, muchas mujeres han vivido la violencia como si fuera una habitación cerrada. Una habitación sin testigos, sin palabras suficientes, sin una puerta clara por donde salir. A veces no porque nadie supiera lo que ocurría, sino porque la sociedad había aprendido a mirar hacia otro lado. A veces porque la propia víctima no encontraba el nombre exacto para aquello que estaba viviendo. A veces porque contar también daba miedo.

Por eso resulta tan importante cualquier espacio que permita decir: esto me pasó. No fue una exageración. No fue una confusión. No fue culpa mía.

Un origen en la palabra compartida

En esa necesidad de nombrar tuvo un papel decisivo Cristina Fallarás, cuando en 2018 impulsó el movimiento #Cuéntalo. Aquel gesto abrió una puerta que ya no pudo cerrarse: miles y miles de mujeres comenzaron a contar públicamente experiencias de violencia machista que durante años habían permanecido escondidas, minimizadas o enterradas bajo la vergüenza.

Pero para que ese caudal de voces no quedara perdido en la velocidad de las redes hacía falta otro paso: convertir la memoria dispersa en un espacio propio, cuidado y organizado. Ahí aparece la figura de Eva Navarro, responsable de la creación del modelo de inteligencia artificial que sustenta LaNuestra, una pieza clave para dar continuidad, estructura y protección a este proyecto.

De los testimonios dispersos a una casa común

LaNuestra nace, por tanto, de una doble fuerza: la palabra abierta por Cristina Fallarás y el trabajo tecnológico que busca custodiar, ordenar y cuidar esos testimonios. Lo que empezó como una corriente de relatos compartidos se transforma ahora en una comunidad, un archivo y una forma de memoria colectiva.

La importancia de este proyecto no está solo en la cantidad de historias reunidas, sino en lo que
esas historias revelan cuando se escuchan juntas. Una experiencia aislada puede ser cuestionada, minimizada o convertida en anécdota. Muchas experiencias, en cambio, empiezan a mostrar un mapa. Aparecen los mismos miedos, los mismos silencios, las mismas formas de control, las mismas heridas repetidas en cuerpos y vidas distintas.

Ahí está una de las grandes fuerzas de LaNuestra: transformar el testimonio individual en conciencia colectiva.

Lo que no entra en las estadísticas

Porque la violencia machista no siempre aparece con la claridad brutal que imaginamos. A veces llega envuelta en amor, en dependencia, en costumbre, en educación, en promesas, en chantaje emocional, en miedo económico o en obediencia aprendida. A veces se instala tan despacio que la mujer tarda años en reconocer que aquello también era violencia.

Las estadísticas oficiales son necesarias, pero no alcanzan a contar toda la realidad. Hay muchas mujeres que no denuncian, muchas que no pueden, muchas que no se atreven, muchas que nunca llegan a una comisaría ni a un juzgado. Sin embargo, sus vidas también forman parte de la verdad social. Lo que no entra en un expediente no deja de existir.

Por eso es tan valioso construir un lugar donde esos relatos puedan conservarse con cuidado, protegerse y leerse de otra manera. No como morbo. No como espectáculo. No como acumulación de dolor. Sino como memoria, como denuncia y como conocimiento.

Tecnología al servicio de la memoria

LaNuestra incorpora también una dimensión tecnológica importante. La idea de utilizar herramientas digitales propias para ordenar y proteger los testimonios abre una pregunta fundamental: ¿puede la tecnología ponerse al servicio de los cuidados, de la justicia y de la memoria? La respuesta dependerá de cómo se diseñe, de quién la controle y de qué principios la sostengan.

Porque no basta con almacenar palabras. Hay que proteger a quienes las entregan. Un testimonio de violencia no es un simple dato. Es una parte íntima de una vida. Contiene miedo, vergüenza, rabia, culpa, supervivencia, deseo de reparación. Por eso cualquier herramienta que trabaje con estos relatos debe hacerlo con extrema responsabilidad.

El desafío es grande: cuidar la privacidad, evitar la identificación de las víctimas, no reducir experiencias complejas a etiquetas simples y recordar siempre que detrás de cada patrón hay una mujer concreta. Ningún sistema puede sustituir la escucha humana, la justicia, la reparación ni el acompañamiento. Pero sí puede ayudar a ordenar lo que durante siglos fue dispersado, ocultado o silenciado.

Una red contra el borrado

LaNuestra tiene algo de refugio y algo de archivo. Algo de plaza pública y algo de casa común. Su potencia está en decir que las mujeres no hablan solas, aunque muchas veces hayan sido obligadas a sentirse solas.

Cristina Fallarás encendió una mecha al abrir aquel cauce de palabra compartida. Eva Navarro aporta la arquitectura tecnológica para que esa llama pueda convertirse en herramienta, en red y en casa posible. Cada testimonio abre una rendija. Cada voz empuja un poco más la puerta. Y cuando el silencio empieza a organizarse, deja de ser silencio. Se convierte en memoria. Se convierte en fuerza. Se convierte en una forma colectiva de decir: nos creemos, nos escuchamos y no vamos a permitir que nuestra historia vuelva a ser borrada.

Fuente de referencia

Artículo “Una red feminista, una IA propia y millones de testimonios de violencia machista: así se está construyendo LaNuestra”, de Maite Sáez, publicado en el periódico digital Mujeres a Seguir el 21 de mayo de 2026.

https://www.mujeresaseguir.com/social/noticia/1193551048615/una-red-feminista-una-ia-propia-y-millones-de-testimonios- de-violencia-machista-asi-se-esta-construyendo-lanuestra.1.html

@Lucía Pastor Dueñas

@Imagen Pinterest


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