La mente como sábana blanca,
quieta y expectante, espera
los versos que prometiste
escribir desde el corazón.
¡Hay tanto que expresar,
¡tanto que decir!
Cuesta dar con las palabras justas
que compongan esa rima,
encontrar el ritmo y la música
a golpe de latido
para que el poema pueda vivir.
Papel, lienzo en el que reflejar
proyectos y vivencias,
o quizás algún sueño postergado,
aquel que abordaste hace tiempo,
el que se mantuvo al borde de tus días,
de puntillas, esperando,
hasta que quedó flotando
en las aguas del olvido,
sin rescate alguno,
en un naufragio de emociones.
La loca de la casa baila
y te enreda en una sutil red,
filigranas de telaraña
que a la inspiración ponen freno.
Solo en la noche, en lo onírico,
volverán las rimas, delirantes.
Te susurrarán al oído
aquellos versos rezagados
temerosos de florecer,
prendidos en la duda de la desazón
que te induce a estrangular
tu corazón solitario.
Poema incluido en el libro de la autora «A trompicones»![]()
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