Aquel precioso burrito de ojos azules observaba con fervor a una grácil burrita de ojos verdes. Nuestro lindo burrito la seguía a todas partes, pero siempre desde lejos.
Una mañana, despertó escuchando los gritos asustados de su dulce amor. Salió escopeteado en dirección a la ubicación de su adorable burrita. Cuando llegó, vio a un mercader que la golpeaba con una vara para que transportara una docena de balas de paja.
El dulce burrito, presa de una furia sin igual, coceó al mercader, que raudo lo agarró del ramal y dijo: —Ya que ella no carga mi mercancía, tú cargarás con su peso y otras doce más.
La burrita lo miró y lo vio por primera vez; antes nunca se había fijado en él, pero, viendo el valor y el coraje de tan lindo pollino, lo siguió hasta el granero, donde el tierno pollino, casi sin fuerzas, aguantaba los golpes de aquel malandrín. Cuando se vio libre de semejante carga, salió disparado, seguido de la dulce burrita.
El jovencito la guió hacia un hermoso prado de fresca hierba, donde pacieron en paz y libertad, porque bien sabe el campo que no hay carga tan pesada que el amor no pueda aligerar, ni malandrín tan fuerte que logre frenar a dos almas que corren en libertad.
M. D. Álvarez
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.