El papel de las etiquetas en la promoción del gallego
Avelino Muleiro
Hoy quiero detenerme en reconocer el esfuerzo, la pasión y el compromiso de los proyectos que llevan a cabo muchas de nuestras empresas gallegas que son auténticas embajadoras de nuestro mejor hacer con nuestros productos. Ellas representan el triunfo de un modelo que mira hacia el futuro sin olvidar nunca de dónde vienen. Lo que las hace grandes no es solo la excelencia insuperable de sus productos agrícolas -queso, leche y vino-, sino su firme enlace con nuestra identidad. Estas empresas, la mayoría exclusivamente familiares, hacen del gallego un elemento esencial de su comunicación, empleándolo con plena normalidad en su etiquetado, web y redes sociales desde hace décadas. Debemos agradecerles que proyecten con orgullo nuestros valores culturales y gastronómicos demostrando que el producto local y nuestra lengua hacen un equipo invencible.
El uso de la lengua gallega en el etiquetado agroalimentario evolucionó con rapidez hasta convertirse en un pilar estratégico que une identidad, prestigio de marca y valor de mercado. La lengua gallega es el territorio emocional y mental desde el que construimos todo lo demás, pues el lenguaje es la única herramienta para preservar la memoria colectiva. Dijo Wittgenstein que “los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo”.
El etiquetado en gallego dejó de ser una excepción militante para convertirse en una decisión estratégica de mercado y, sobre todo, en un firme ejercicio de dignidad cultural. Durante décadas, arrastrado por viejos complejos sociales y perjuicios heredados, el uso de la lengua propia en el ámbito comercial se percibía erróneamente como algo enfocado exclusivamente al consumo local o falto de proyección externa. Hoy, la realidad del mercado gallego demuestra exactamente lo contrario: el idioma es un activo patrimonial que acerca valor añadido, autenticidad y excelencia. Cuando una marca decide etiquetar en gallego, proyecta un mensaje de pertenencia respetuoso con su entorno y con los consumidores que exigen coherencia entre el origen del producto y su presentación. Durante mucho tiempo se asumió la falsa premisa de que etiquetar en gallego restaba competitividad fuera de nuestras fronteras. La evolución de sectores clave como el vinícola o el lácteo desmontó definitivamente ese mito.
Fue en el año 1932 cuando Álvaro de las Casas pronunció en el paraninfo de la Universidad de Santiago de Compostela un discurso titulado Palabras aos mozos galegos (Palabras a los jóvenes gallegos), en el que reivindicaba la conciencia nacional y el orgullo cultural. Insistía en la necesidad de que Galicia tomase conciencia de su valor histórico, lingüístico y social, superando el complejo de inferioridad generado por la marginación política. La famosa máxima de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, incluida en su obra cumbre, Sempre en Galiza (1944) dice: “Si aún somos gallegos es por obra y gracia del idioma”. Es una de las declaraciones más profundas y determinantes sobre la identidad colectiva de Galicia. La frase trasciende la mera defensa lingüística para convertirse en una teoría política y existencial de la nación gallega.
Durante siglos, sobre todo los llamados Siglos Oscuros -del siglo XVI al XVIII-, Galicia careció de poder político propio, de instituciones autonómicas y de élites dirigentes que hablaran la lengua gallega. Con todo, el pueblo conservó el gallego de forma oral. Por ello, la lengua es la institución primaria que mantuvo viva la conciencia diferenciada del pueblo gallego. Castelao otorga a la lengua un carácter sagrado y milagroso. La pervivencia del pueblo gallego no es fruto de la intervención de reyes ni de decretos estatales, sino de un milagro popular sostenido, generación tras generación, mediante la palabra hablada.
¿Cuál es la situación actual del gallego en Galicia?
La situación actual del gallego se encuentra dentro de una encrucijada histórica y de retroceso generalizado, tal y como avalan los últimos registros oficiales del Instituto Gallego de Estadística (IGE). El gallego perdió terreno como lengua habitual, especialmente en las nuevas generaciones y en los núcleos de población más densos, lo que repercute directamente en los ámbitos educativos y municipales. La ausencia de contenidos atractivos en gallego en redes sociales, videojuegos y plataformas de streaming dificulta que la gente joven identifique el idioma con visión de modernidad
El sistema educativo gallego no universitario refleja la fractura lingüística generacional. Así, las aulas y los espacios de socialización infantil están dominados de forma muy amplia por el castellano, porque su dominio inicial mayoritario es el castellano como lengua materna. El tramo de la ESO y el Bachillerato testimonia un proceso de desgalleguización acelerado. La presión social, la influencia de las redes sociales y los modelos de consumo cultural en castellano provocan que muchos chicos que cursaban estudios en gallego reduzcan su uso oral en el instituto.
En el ámbito universitario, la prevalencia del castellano en la docencia científica y técnica es evidente, aunque los estatutos y reglamentos internos reconocen el gallego como lengua propia de la institución y propugnan su normalización, pero en la práctica, la gran mayoría de los grados de ciencias, ingenierías y ciencias de la salud se imparten casi íntegramente en castellano. En cambio, en las ramas de humanidades y ciencias sociales hay una cierta resistencia del gallego, tanto en los manuales como en las exposiciones del profesorado y en los trabajos del alumnado.
Donde se notan los índices más bajos de gallegohablantes habituales es en las grandes ciudades gallegas, siendo especialmente alarmante entre la población menor de 30 años. Son las Villas y el Medio Rural donde se observa cierta resistencia; sobre todo en el rural profundo, en el que se mantiene la transmisión intergeneracional. No obstante, el descenso del gallego también está llegando a estos lugares a causa de la desertización demográfica, el envejecimiento y la llegada de nuevos vecinos sin vínculos con la lengua. Los datos apuntan a una pérdida acelerada de hablantes habituales.
Revertir esta tendencia precisa de un enorme esfuerzo institucional, social e individual. La recuperación del gallego no depende exclusivamente de decretos legales, sino de una toma de conciencia colectiva que entienda la diversidad lingüística como una riqueza insustituible y que haga del gallego una lengua útil, moderna y deseable para vivir el día a día. Si Galicia pierde su idioma, perderá su razón de ser como sujeto histórico. Es un imperativo ético revertir esa caída.
Este mensaje va dirigida a las generaciones futuras para que se responsabilicen de la preservación y normalización de la lengua frente a la asimilación. El compromiso con nuestra lengua por parte de muchas empresas familiares nos da esperanza de que el gallego resistirá y se consolidará, a pesar de las adversidades externas que lo obstaculizan.
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
+ There are no comments
Add yours