Cualquiera que fuera la fuerza o la razón que lo llevara por allí, andando entre las rocas sueltas en el área, cerca de la playa, debe tratarse de una fuerza imperante, una urgencia que al parecer, concierne a él
más que a nadie.
Sus pasos se van desprendiendo de sus compases de forma aguda, y con la rapidez de quien sabe el lugar exacto a donde quiere llegar. De pronto, siente que el mundo quedó atrás.
La neblina cae cada vez más espesa y hace difícil definir las formas, las mismas formas que estaban bien definidas en la primera visita.
Lo que parecía el volúmen de la casa, era en efecto la casa. Finalmente se encontraba a unos pasos, y aunque la neblina cambia la perspectiva de cualquier cosa que toca, ya es evidente.
¿Debía llamar a la puerta, o buscar la forma de sorprender?
Aún conserva la copia de la llave que le habían prestado la primera vez.
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