Caretula by Santiago Angarita

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Petrificado en el umbral de la puerta, observaba a su pequeña hija dormir, la niña respiraba lento y en su rostro se dibujaba una sonrisa, fruto de su ensoñación infantil. Él se había encargado de hacerla feliz, desde el momento en que decidió adoptarla, rechazaron su solicitud cuatro veces, un boxeador no podría ser un buen padre, terminaria sus días roto e idiota, el cuerpo no estaba diseñado para soportar tantos golpes.

Le apodaban Caretula, porque podía soportar todas las oleadas de maltrato sin expresión alguna, era el mejor recibiendo, dejaba que sus contrincantes se cansaran y luego sacaba de sus vísceras un certero gancho izquierdo. Hijo del odio y de la rabia, se había abierto paso por la vida a golpes. Moriría joven y probando a la gloria, como un hombre antiguo, sería su muerte la salvación de legado.

Se acercó a la cama y besó a su hija en la frente, la niña pretendió seguir dormida, sabía que se trataba de un beso de despedida. Había sacrificado hasta su humanidad, sometiéndose a cirugías de modificación para adaptar su cuerpo a la nueva era del boxeo, las máquinas habían entrado a la liga y quienes se negaban a combatirlas por miedo a las modificaciones, o los jubilaban o terminaban picados en algún incinerador de basura.

Sus brazos ya no eran sus brazos, a veces podía sentir el efecto fantasma de donde una vez estuvieron, titanio, fibra de carbono y cables reemplazaron carne, sangre y piel. El evento fue histórico, la primera pelea legal entre un hombre y una máquina. estuvo absorto todo el camino hacia la arena, ensordecido, no podía escuchar los vítores del público, enceguecido, por los drones y las luces. Con la imagen de su pequeña clavada en la retina.

 El contrincante entró al ring, tenía la lata dorada y negra, le habían puesto como rostro una imitación mecánica de una máscara Tengu. «Va a matarme», pensó, «Va a romperme el culo». El entrenador se acercó, tenía los ojos vidriosos, no era capaz de mirarlo directamente al rostro. «Lo siento mucho Ed…solo tienes que rendirte». No iba a hacerlo, iba a afrontar la muerte con la frente en alto, el dinero que le quedaría a su hija sería suficiente para no tener que trabajar un solo dia, que tuviese la oportunidad de dedicarse a altos asuntos, a la música o los hologramas, que pudiese acceder a servicios de salud. Su muerte sería un símbolo y alcanzaría la grandeza. «No solo le arreglas la vida a tu hija, salvarás al deporte entero, tras tu muerte prohibirán el uso de máquinas, serás un mártir, Ed».

La pelea fue transmitida por los medios y varios de los asistentes. Ed soportó tres asaltos, sus brazos de androide le permitían bloquear algunos golpes y propinar algunos otros. «No dañes el robot, Ed, sos un mártir» bajó la guardia, el primer golpe lo dejó inconsciente, el robot le destrozó el rostro por completo, La mandíbula desencajada, colgaba, manchando la lona con un hilo de sangre que bajaba por la comisura de  lo que eran sus labios, «sos un mártir». El dolor era infernal, seguía inconsciente y deseaba más que nada morir. La policía tardó en arribar, el público fue evacuado de la arena, desmantelaron al robot. Ed murió en la ambulancia, su hija lo esperaba despierta.


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