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LOS ASESINATOS DE ARIBAU by Silvia Salafranca

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TRUE CRIMEN / SERIE NEGRA / Barcelona

 

Llevaba un tiempo la comisaria en calma a pesar de muchos acontecimientos producidos en diferentes puntos de Barcelona, violencia de género, violaciones, robos y desapariciones que acababan siendo producto de la chavalería de los años en los que vivimos.

Como comisario tenía contactos con algún detective privado con su despacho situado dentro de los distritos que abarcábamos nosotros. Entonces fue cuando Julián aquel día me llamo.

̶  Jordi ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo! Necesito que me mires los casos en la calle Aribau y si te pillo bien quedar por la tarde y tomar algo.

Después de quedarme asombrado por la llamada de Julián sabía que debía estar moviendo un caso de investigación importante para recurrir a mí. Miré mi agenda y viendo un hueco entre las 17:30 y 21:15 respondí.

̶  Claro que sí, te parece bien en el Velódromo de Montaner para tomar unas cervezas ¿sobre las 18:30?

̶  Estupendo a esa hora nos vemos allí.

Mientras que hablaba con Julián había recordado varios casos de dicha calle producidos entre el 2000 al 2003 y me puse manos a la obra para recapitular de que casos hablábamos. Realmente el lugar elegido estaba a 2 cuadras de dicha calle ya que mi curiosidad necesitaba ser alimentada y que mejor que estar cerca de aquel punto.

Sobre las 17:00 horas me encontraba con tres fichas que acercaría a dicha cita puesto que coincidían en diversos tiroteos donde no pudimos esclarecer las causas.

La primera del 9 al 10 de septiembre del 2000 donde en la puerta del bar Tal Cual en la esquina de Aribau con Mallorca recibía un disparo a bocajarro en la cabeza Haamid Sada sin causa aparente más que el agravante de racismo que no se incluyó en el caso por homicidio y tenencia ilícita de armas.

La segunda realizada el 12 de mayo de 2001 en la calle Aribau 130, esquina con Roselló. Donde un camello se hacía pasar por chatarrero y en el lavabo del after Tusaka asesinaba a Jordi sin relación alguna, siendo dicho camello también condenado por el crimen y tenencia ilícita de armas.

La tercera el 7 de octubre de 2003 donde Manuel Navas propietario del Tal Cual recibía 6 disparos hasta que su amigo José Antonio daba en el blanco condenado sin esclarecerse las causas del delito. La calma parecía haber regresado en aquella calle manchada por un gris y rojo fogueado en pólvora casos sin importancia habían transcurrido tras los años dejando allí los fantasmas que jamás desvelaron sus motivos.

Miré el reloj y fui al Velódromo sentándome en una de las pocas mesas que se encontraban libres le indiqué al camarero que me pusiera una cerveza sin alcohol.

Cinco minutos más tarde entraba por la puerta Julián casi irreconocible de la última vez que habíamos trabajado juntos en un caso que le habían pedido investigar, me estrecho fuerte la mano y pidió un tercio que recogió de la misma barra para después sentarse.

̶  No han pasado los años por ti condenado, (me reía) ¡te veo estupendo!

̶  La verdad es que me he quitado bastantes kilos de encima y con eso hemos ganado en salud, tú también te ves genial. ¿Has traído lo que te he pedido?

̶  Claro, tres fichas muy indagadoras que me tienen en vilo, así que míralas y vete soltando en que estás trabajando y en que te puedo ayudar.

Cogía la carpeta con los tres casos mientras que le veía mirarlos y remirarlos, después de un rato poniendo en una libreta de cuero envejecido sus anotaciones me preguntaba:

̶   ¿El juez de los casos coincide ó el equipo que llevó los casos?

La verdad es que con la curiosidad que se me había quedado en el cuerpo tras la llamada de Julián era algo que no había mirado.

̶  Luego repasaré la información  y te llamo cuando la tenga y ahora ¿dime qué ocurre?

̶  Ok, es complicado; te he llamado directamente al recibir el caso de mi clienta que curiosamente coincide con otro negocio en la misma calle. Recibí hace dos días a la dueña de un local de copas de la calle de Aribau donde cogía una llamada de un varón que la decía que la siguiente en bañarse en pólvora sería ella. El caso que en esta calle según exteriorizó, bastantes comerciantes mantienen una estrecha amistad y otra dueña recibía la misma llamada en otro comercio de la misma calle. Ella según me explicaba mi clienta, no le había dado importancia alguna. Su expresión literal fue que hay mucho borracho y loco que de vez en cuando hace una gracieta.

̶  Julián sabes que ahora es cuando debes darme datos más concretos, aunque pudiera ser la estupidez de algún listo, la coincidencia; es más que sospechosa.

̶  Tranquilo, hoy tengo cita con mi clienta a las 21:30 mañana si te parece volvemos a quedar a las 12:30 aquí mismo, si te viene bien, e intercambiamos impresiones.

̶  Eres un truhán. Lo tuyo es increíble, no cambiarás. Un día te matarán a ti los temas de faldas. Si no vas a soltar prenda más que esta noche, que ya nos conocemos… pago en la barra y voy directo a la comisaria que me han dejado varias llamadas en el móvil.

̶  Que mala fama tengo joder, que han pasado bastantes años y estoy con un pie dentro de convento (me decía guiñándome un ojo) Me parece bien  ̶  dijo, yo me quedo un poco más, mañana la invitación corre de mi cuenta. El tema en Barcelona está muy prendido por muchas cosas últimamente como para añadirle más chicha, ¡tranquilo! Decía mientras que se marchaba Jordi del Velódromo y yo me tomaba tranquilamente la cerveza. Cristina la dueña de Emperatriz me estaba esperando para resolver sus dudas y pagarme las minutas para ir moviendo su caso. Por una extraña razón me cautivaba (para que negarlo) su pelo rubio a la altura de los hombros decorando un cuerpo para los mejores rallies. Estaba claro que Jordi después de tantos años, me tenía tomada la horma del zapato.

Me marché a mi casa un pequeño estudio de Barcelona a 17 km de allí y me preparé para estar puntual a las 21:30. Cristina estaba en la puerta del restaurante espectacular. Jamás han tenido que esperarme a mí miré el reloj y aún así yo llegaba 10 minutos, apoyé mi mano en su espalda y entramos. Uno bastante íntimo para poder hablar con ella de sus preocupaciones y la velada pasó triunfante mucho más de lo que me esperaba, para cuando me quise dar cuenta el teléfono en mi vivienda sonaba a las 10:05 de la mañana. Encontraba mi ropa descolocada, un sobre encima del recibidor de la entrada con las minutas que me había pagado Cristina y su cuerpo de generosa propina.

̶  Si, sí, sí, no jodas ¡voy!

Me vestí lo más rápido que pude y quedé directamente en el número 84 de la calle Aribau con Jordi, donde la coincidencia o quién sabe, ponían un homicidio de nuevo en aquella calle.

Pasaron los meses, tantos… que al caso se le dio carpetazo puesto que imaginamos que la coincidencia hizo que aquel siguiente día a nuestro encuentro, asesinaran en aquella calle de Barcelona a un chico que pasaba por allí de un disparo en el pecho. Los motivos no se esclarecieron ya que no se encontró relación ni motivo aparente y fue localizado aquel mismo día el asesino y detenido por homicidio y tenencia ilícita de armas.

Seguí quedando con Cristina, manteniendo su aroma impregnado en mi piel. Lo único curioso es que fuera a unos metros del negocio de la amiga de Cristina pero después de 5 meses, la ausencia de nuevas pruebas o llamadas, hicieron cerrar el caso que volvían a aclamar a los fantasmas en aquella calle.

Después de aquellos meses mi libreta de anotaciones me empujaba, de cuando en cuando, repasar las extrañas coincidencias que solo tenían un río de sangre y un nombre de una calle en Barcelona, donde después de aquello cada día que podía tenía un encuentro con Cristina.

La confianza de las citas cambio los hoteles para dar rienda a la fogosidad por nuestras viviendas ella ya había estado en la mía en varias ocasiones y fíjate que la primera después de tanto aparece en una completa laguna.

Esta vez era yo el que me dirigía a su casa, una gran mansión donde solo los jardines eran más grandes en comparación con mi pequeño estudio. De vez en cuando Cristina me preguntaba por el caso, pero ya nuestras citas se habían convertido en puro juego de atracción. Llamaba al timbre mientras que escuchaba los pasos hacia la puerta y un hombre de unos cincuenta y poco uniformado me hacía esperar en el recibidor.

̶  Gracias Charles, puedes tomarte el resto del día libre  ̶ dijo ella. Miré a Cristina exuberante, con un vestido negro medio transparente una falda de tubo que mostraba sus caderas y entonces la casa me dejó de impresionar.

A mesa puesta comprendí que era dueña de un negocio en la calle Aribau pero posiblemente, más cosas tenían que ayudarla económicamente a mantener ese estatus de vida. Me pase la velada disfrutando de la trayectoria perfecta del cuello a sus clavículas, y de ahí; a la generosidad de sus pechos únicamente tapados en los senos por unas flores negras bordadas. Por más que he querido en cada cita conocer algo más de ella, siempre acabo ansiando el momento de tenerla entre mis manos.

Esta vez al estar jugando el partido en casa se ha sacado los preliminares bajo su falda. Sentada en la silla con las medias de cristal posando sus pies en mi entrepierna hasta el punto de dejar el postre para después del postre. No conocía aquella faceta de Cristina y me dejé guiar de su mano.

Hasta acabar supongo en su habitación. Con un edredón de seda rojo y una luz de ambiente, una cubitera de champan en el lado derecho de la cama. Mis manos han tratado en varias ocasiones de subir por sus muslos siendo paralizadas en toda ocasión.

He pasado de detective a un débil hombre obediente, tumbado en la cama mientras que disfruto sintiendo como desabrocha los botones de mi camisa y así el resto de mi ropa y aún la tengo a ella dominándome totalmente vestida. Sin decir absolutamente nada sus besos y juegos me tienen tan bravo que mis manos localizan una cremallera que bajo sin que me lo impida, y así estar más parejos en ese juego diablesco.

Con sus piernas tapadas desde el muslo hacia abajo y un liguero, se queda encima de mi cuerpo con una pierna a la derecha y otra a la izquierda que me mantienen preso de continuar su travesura y sin darme apenas cuenta, baja una mano al lateral de la cama me ata las manos con unas esposas y saca una pequeña pistola de su espalda sujeta supongo a su liguero que no había ni apreciado.

̶  ¿Qué haces Cristina? ¡Quítame las esposas!

̶ Shhh… no te asustes, es solo un juego que te encantará, confía en mí y déjate llevar. Pasó aquella pistola supongo sin cargar por mi cuello fijándola en mi mandíbula para luego devorarme a besos y así jugó a su propio esparcimiento pensado y preparado para acabar una magnífica noche.

Al día siguiente  las cosas por hacer no me permitían quedarme mucho más, la dí un beso viéndola tumbada plácidamente en su cama, y me volví a mi casa para recoger unas cosas.

En caliente todo era excitante e increíble, pero en frío mientras regresaba, me quedé pensando en sus palabras con la pistola en la mano.

 

 

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