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Carla for President by Francisco J. Martín

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Master en Alta Dirección de empresas, muy elegante y con una seguridad en sí misma envidiable por cualquiera. Así era Carla, una profesional a la que no se le anteponía nada ni nadie para conseguir sus objetivos. Sus decisiones siempre habían gozado de un enfoque muy práctico y realista, tanto para las distintas empresas en las que había trabajado, como para su futuro en ellas. Era consciente de que debía luchar con las mismas armas que a veces utilizaban sus compañeros del otro sexo si quería llegar a cumplir su meta de llegar a presidir una gran compañía, y lo hacía muy bien.

Acababa de finalizar la reunión mensual de Enero del Consejo de Administración en el lujoso salón de la compañía, los directivos iban saliendo y comentando entre ellos lo tratado. En un espacio algo apartado del pasillo se producía una conversación,

  • ¿Tú que dices Ernesto? Me parece que he dejado clara mi posición, dime que piensas.
  • No sé Carla, creo que estás forzando la máquina y dudo que la mayoría de los directivos estén de acuerdo, y menos el presidente, aunque no te lo dirán a la cara.
  • ¡Solo intento que la empresa no se vaya al carajo!, y además quiero mayor responsabilidad, de momento una división de mayor tamaño, después ya veremos. Así que tenemos que hacer que poco a poco apoyen mis posiciones en el Consejo. Si yo consigo lo que quiero, a ti no te irá nada mal.

Carla y Ernesto eran dos Directores de la multinacional RUBY INC. Ella tenía gran animadversión por el actual Presidente, quien literalmente no le hacía ni caso, y por los directivos de su cuerda. Ernesto llevaba muchos años en la empresa, era un superviviente, escuchaba a todos, no se llevaba ni mal ni muy bien con nadie, y acababa las cosas a su terreno, sin hacer ruido. Ambos decían que el actual Presidente no estaba dirigiendo correctamente la empresa ni adecuándola a los nuevos tiempos, pero en realidad Carla estaba sedienta de poder.

Salieron de la sala del Consejo y ella se dirigió a su despacho,

Marisa, por favor, vacía mi agenda para esta tarde/noche, y búscame un restaurante que esté bien para cenar a las 10, seremos dos personas.

Carla tenía claro que no podría realizar su objetivo sin colaboración de varios Directivos, por lo que se trazó un plan que consistía en hablar con los que consideraba que podían ser más fácilmente manejables. Ella se ocuparía de invitarles a cenar, a tomar un café, a lo que fuese necesario. Poco a poco debía ir conociéndolos, no demasiado, sólo lo suficiente para detectar sus puntos flacos y sus vicios ocultos.

Para ella era casi seguro que Ernesto la apoyaría, o al menos no iría en su contra, pero al resto tendría que hacerles alguna promesa.  Para el próximo Consejo debía tener ya los apoyos suficientes, así que se puso manos a la obra desde el primer día.

 

Después de cenar con Luis, un “ejecutivo agresivo” con quien departió sobre la necesidad de un cambio en el rumbo de la empresa. Al final llegaron a un acuerdo, él sería su mano derecha cuando ella fuera el CEO de la empresa, y por tanto llevaría la mayor División comercial. Aunque no creía que él fuese un Superman empresarial, estaba segura de que mantendría a los directivos contrarios a raya, lo utilizaría de lo que vulgarmente se llama un perro de presa.

Con Fermín le fue más fácil, quedaron una tarde para tomar una copa. Era un hombre maduro, casado felizmente decía él, aunque con algunas amantes en paralelo que se habían sucedido en su vida, de lo que se vanagloriaba, así parecía más macho con Carla. Hablando de ello surgió el hecho de que actualmente tenía una relación con una empleada de la empresa, Fina la secretaría de Ernesto, según se percató Carla cuando Fermín tuvo un desliz y la nombró mientras contaba entre risas algunos de sus mejores momentos como ligón, ya después de la tercera copa. No le tuvo que prometer nada, más que no contaría aquello si él la apoyaba.

«Hecho, otro para adentro. Ya hablaría con Fina, a espaldas de Ernesto», pensó

Habían pasado veinte días desde el último Consejo y ya tenía preparado su mensaje, iba a plantear un cambio de estrategia y a auto-proponerse como la única persona del Consejo con la experiencia, conocimiento y liderazgo que podía llevarla adelante. Pero todavía le faltaba un apoyo.

Un día llamó a Fina a su despacho, lo que sorprendió a ésta, y le habló de lo que le había contado Fermín. Era algo que no se sabía en la empresa y para Fina era todo un bochorno que una directora se lo echara en cara,

  • Necesito información Fina, sino quieres que esto salga a la luz.
  • Pero yo….
  • Siendo Fermín el Director de RRHH por aquí pasa todo tipo de información, así que quiero todo lo que sepas sobre los trapos sucios de Adolfo y de Andrés, amoríos, corruptelas, infidelidad a la empresa,… todo.
  • Pero hacer eso…si alguien me descubre me despedirán —Fina apenas conseguía articular palabra.
  • Piénsalo, hazte una lista y consigue documentos y pruebas de todo lo que puedas, y mañana a las 8 de la tarde nos vemos en el Pub Irish de la Plaza Mayor, está lejos de aquí y no creo que haya nadie de la empresa.

Llegó el ansiado día del Consejo mensual y Carla lo tenía todo preparado. Hasta el último momento se había cruzado mensajes con sus directivos afines para no dejar nada al azar y, salvo sorpresa, ganaría la votación por seis a tres. El Presidente sólo conseguiría dos apoyos, un verdadero fracaso, y ella obtendría cinco. «Todo un éxito», se congratulaba Carla.

Una vez sentados, el Presidente dirigió unas palabras de bienvenida y pasó el turno al Secretario del Consejo quien, siguiendo el orden del día previsto, cedió la palabra a Carla,

  • Buenos días, debido a la marcha que últimamente está llevando esta empresa he preparado una propuesta de plan estratégico para adecuarla a la nueva realidad en la que vivimos y que les presento a continuación, así como el equipo de personas que considero mejor preparado para llevarlo a cabo. Pido que, de acuerdo con nuestros estatutos, se vote dicha propuesta al acabar mi exposición.

 

El Presidente estaba intrigado, expectante: «¿Qué sería eso tan interesante y novedoso que iba a explicar Carla y que él no supiera ya?» meditaba, pero no tenía ni idea de lo que se le venía encima. Una vez realizada la presentación y la votación correspondiente quedó en evidencia su gestión, pero no quería que su primer directivo a partir de ahora fuese Carla, así que en ese mismo acto presentó su dimisión, que fue aceptada por la mayoría.

Se cerró la reunión, convocando otra para dentro de 15 días, esta vez de carácter extraordinario, para nombrar nuevo Presidente.

¿Sería Carla la mejor candidata? Ella estaba muy segura, solo tenía que mantener durante unos pocos días los pactos, sobornos y chantajes que había conseguido.

 

 

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