narrativa

Presentamos el primer capítulo “El Oscuro caso de puerto escondido” de María F. Loreto Yoris

CAPÍTULO 1

Desde la patrulla, el oficial Víctor Dupui observó el movimiento que había en la playa. Estaba acostumbrado a desenvolverse entre policías, forenses y curiosos. El ejercicio de su profesión durante los últimos quince años le había dado la suficiente objetividad y control emocional para enfrentar cada caso que le era asignado, pero esta vez tenía que investigar un tipo de crimen que él, en lo particular, detestaba.

Dupui se resistía a creer que en Puerto Escondido, en la zona más privilegiada del litoral central, apartada de la esquizofrenia de la capital, pudieran ocurrir actos criminales nunca antes registrados en la región. Sabía que debía ser frío y analítico, y que no debía dejarse traicionar por su emocionalidad, porque eso dañaría su desempeño en la investigación, pero más grave sería que ese malnacido que mataba adolescentes embarazadas continuara suelto y aumentara su lista de víctimas inocentes.

Por ética profesional y por amor propio, Dupui aceptó el reto de atrapar a la bestia que traía en jaque a la población de Puerto Escondido. Descendió de la patrulla, tomó aire hasta llenar sus pulmones, exhaló mientras miraba a su alrededor y se dispuso a mezclarse con la gente que se hallaba en el lugar con el objeto de observar la escena del crimen.

No fue difícil encontrar el sitio donde yacía el cuerpo, solo hizo falta acercarse al tumulto.

—Finalmente llega, oficial Dupui —Waleska Hernández, analista forense y compañera en varias investigaciones anteriores, se acercó al verlo.

—¿Qué hay aquí? —preguntó Dupui, en tono cortante— ¿Otra chica?

—Otra adolescente embarazada —respondió Waleska con la voz entrecortada, a pesar de su esfuerzo por controlar la conmoción que le producía el caso—. Aminta Gutiérrez, su familia la había reportado desaparecida unos días atrás y, por el estado de descomposición, pensamos que fue asesinada el mismo día de su desaparición.

Waleska hizo una seña para ordenar a los presentes que se apartaran y, al abrirse paso entre la gente, Dupui se inclinó para observar el cadáver que yacía entre las piedras. La analista forense hizo lo propio.

—Observa —le dijo A Dupui señalando el cuello de la chica—. La ahorcó con fuerza brutal como ha hecho con todas las demás.

El oficial respiró, se llevó la mano derecha a la cabeza y revolvió su cabello mientras observaba con detenimiento el cuerpo.

—¿Qué piensas del motivo? ¿Sexual? —preguntó el oficial, sin dejar de mirar fijamente a la analista forense.

—Todavía tenemos que realizar todas las pruebas, pero tiene todos los signos de violencia. Incluso pudo violarla después de muerta.

Ambos se levantaron y se vieron a los ojos por unos instantes.

Dupui era un hombre alto y de contextura gruesa y musculosa. Al lado de Waleska, que apenas alcanzaba una estatura media y era delgada, lucía como una fortaleza De hecho, entre compañeros solían llamarlo “la pared”, no solo por su aspecto sino porque no demostraba sus sentimientos. Sin embargo, esta vez su mirada dejaba ver una afección emocional que no podía disimular porque los ojos le centelleaban, lo cual delataba la tormenta que lo agitaba por dentro. Se acercó una vez más al cuerpo y vio que a la chica le faltaba el meñique derecho.

Era el cuarto caso en mes y medio. Si bien Dupui conocía la marca que el monstruo de Puerto Escondido solía dejar en sus víctimas, como una especie de sello personal, habría preferido no encontrarse con que Aminta también tenía los dedos incompletos. Se trataba de un asesino en serie.

—Como te habrás dado cuenta, a ella también le cortó el meñique derecho. Quiero pensar que esta vez encontraremos lo que necesitamos para dar con este malnacido —dijo Waleska en tono tajante, sin disimular su rabia y miró fijamente a Dupui.

—Te juro que voy a atrapar a ese degenerado o dejo de llamarme Víctor Dupui.

Ambos guardaron silencio por unos segundos y continuaron con su labor.

En la capital, Dupui había tenido que investigar diversos casos de crímenes violentos. Sentía que después de quince años de servicio había cubierto su cuota y decidió mudarse al litoral, porque pensaba que los casos que enfrentaría serían siempre más sencillos y comunes que los que ya había resuelto en el pasado, por tratarse de un lugar bastante tranquilo y apartado de la muchedumbre propia de la ciudad.

Había nacido y crecido en un barrio popular delimitado por zonas de alta peligrosidad, pero dentro de un núcleo familiar sólido y bien constituido. Era el mayor de cinco hermanos, dos varones y tres hembras. Tomó las riendas del hogar y se convirtió en el principal apoyo de su madre luego de haber perdido a su padre a causa de una bala perdida proveniente de un enfrentamiento entre bandas delincuenciales. Esa fue la razón principal por la que decidió entrar a la Policía. Deseaba combatir el crimen y sentía que era una manera de proteger a tantas mujeres que quedaban solas a cargo de la crianza de sus hijos.

Con el tiempo se hizo detective para desempeñarse en el área de Homicidios y, en general, había obtenido buenos resultados. Hasta que le tocó el caso de las hermanas Robles, dos criaturas de catorce y doce años respectivamente, que habían sido halladas violadas y decapitadas a orillas de una quebrada cerca del lugar donde habían desaparecido. Por razones incomprensibles, ese caso no se pudo resolver y se convirtió en la gran frustración profesional de Víctor Dupui. La investigación lo consumió a tal punto que se había vuelto un hombre intransigente, huraño y amargado. Esto, además de haberle trastornado su vida personal, al punto de perder amistades y a su pareja de aquel entonces, casi le costó el cargo dentro de la Policía. En ese momento, decidió mudarse y optó por irse a un lugar que le resultara más tranquilo y donde lo que hubiese que investigar se relacionara más con delitos comunes. Un sitio donde esos crímenes abominables no sucedieran. Una parte donde, por más que se cometieran delitos, al menos no violaran y mataran a menores de edad. Ahora el gran dilema de Dupui era que estaba frente a un caso peor que el anterior: esta vez, habían aparecido asesinadas adolescentes embarazadas y se trataba de un asesino en serie.


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Otros libros de Maria Florinda Loreto Yoris:

MEDIUM Historia de un corazón sensible.

https://www.smashwords.com/books/view/1079371

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