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Dossier: Frankie ¡te amamos! —03

Ni verde ni mudo: el ‘Frankenstein’ de Mary Shelley no se parece al que recuerdas by C. M. en El Confidencial

Si piensas en Frankenstein es muy probable que se te venga a la cabeza la imagen de un ser enorme y verde, con tornillos en la cabeza y brazos extendidos. A pesar de esa movilidad singular de laboratorio, la idea de este monstruo ha recorrido los siglos y está insertada ya en la psique de la cultura popular. Sin embargo, ese Frankenstein que recuerdas es muy distinto a la criatura que Mary Wollstonecraft, más conocida como Mary Shelley, describió en su obra ‘Frankenstein; or, The Modern Prometheus’, publicada el 1 de enero de 1818.

Para empezar, el personaje literario que rondaba la mente de la escritora inglesa desde el verano de 1816 no era verde. De hecho, basta leer el libro para saberlo: «Su piel amarilla apenas cubría los músculos y arterias que quedaban debajo; su cabello era de un negro lustroso, sus dientes de una blancura nacarada; pero estos formaban un contraste horrible con sus ojos llorosos, que parecían casi de del mismo color que las cuencas blancas en las que estaban colocados. Su tez era arrugada y sus labios negros y rectos».

Entonces, si su creadora lo lanzó al mundo como un monstruo amarillo, ¿por qué lo recordamos verde? La respuesta, cómo no, está en el cine. Una de las películas de terror clásicas por excelencia es la adaptación de Frankenstein que llevó a cabo James Whale para ‘Universal Studio’ en 1931. Vale, se trata de una película en blanco y negro, ya que el color no llegaría a la gran pantalla hasta el año siguiente. Pero el Technicolor no inventó el maquillaje.

La marca de los años treinta

Aunque en blanco y negro, el enverdecimiento de Frankenstein ocurrió entonces, y tiene varias explicaciones. Más de cien años después del invento de Shelley, el maquillador Jack Pierce tuvo la tarea de caracterizar a Boris Karloff en la adaptación de Whale. Así que sí, la imagen que hoy se te viene a la cabeza sobre este monstruo tiene su origen en los años treinta.

Según recoge la escritora April Snellings en el portal de ‘Mentalfloss’, citando al historiador de cine David J. Skal, el mítico diseño de Pierce fue una combinación de sus propias ideas y elementos que tomó prestados de otras interpretaciones del monstruo. «Whale había imaginado la frente protuberante de la criatura en bocetos que hizo para Pierce, y los electrodos en el cuello aparecieron por primera vez en una ilustración conceptual del cartelista de Universal Karoly Grosz. Pierce le dio al monstruo su ahora famosa cabeza cuadrada porque imaginó que la forma más fácil de instalar un nuevo cerebro sería hacer un solo corte recto en la parte superior del cráneo, quitando la cúpula y esencialmente convirtiendo el cráneo en una caja con una tapa conveniente», sostiene Skal.

Durante el siglo que separan al original de la copia, otras muchas fueron pasando por el legado de Shelley. Así, recuerda Snellings, «el monstruo salió de la página por primera vez cinco años después (de la publicación literaria), con la adaptación teatral de 1823 del dramaturgo Richard Brinsley Peake ‘Presumption, or the Fate of Frankenstein'». Aquella versión estaba más cerca del texto original que las que vinieron posteriormente, pero el color de la piel ya cambió entonces. Según la escritora, en el guion de la obra se le describe con una piel «azul claro o gris francés».

Decenas y decenas de versiones

De esta forma comenzó la tradición de versionar las eternas páginas de Shelley desplazando, en realidad, su inventario. De manera que para cuando a Pierce se le ocurrió untar a Boris Karloff con maquillaje verde, la primera versión amarilla había sido versionada decenas de veces. La propia película de Universal es, en realidad, la versión de una versión. Todas ellas atravesadas por la censura de cada época.

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No obstante, a la censura que había desmontado las piezas del monstruo, se le unió en la década de 1930 la necesidad de amoldarse a la sensibilidad al color del material de película del momento. Por lo que el verde fue también fruto de una elección creativa y una consideración técnica. «Ciertos tonos de verde aparecerían en la pantalla como un blanco fantasmal. El maquillaje verde de Karloff, por tanto, tiñó la piel del actor buscando la palidez cadavérica para darle además una tez diferente al resto del elenco», añade Snellings.

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Pero en ese limbo de años en los que el color ya se presentía, el tinte verde no tardó en cubrir los pósteres promocionales. En ellos Frankenstein se presentaba completamente verde. La película, como escriben en ‘Screen Rant’, fue un éxito sorpresa para el estudio que, como ya imaginarás, no tardó en explotar: una secuela de mayor presupuesto, ‘Bride of Frankenstein’ en 1935; después, una serie de secuelas de películas de terror y crossovers como ‘El fantasma de Frankenstein’ en 1942 y ‘La casa de Frankenstein’ en 1944, y así sucesivamente hasta la actualidad. Curiosamente, las últimas versiones de este personaje no han sido verdes.

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