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Hasta cuando se apaguen las luces

By Fran Arge

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Las sombras del invierno amenazaban con abrazar las calles cuando al rescate, acudieron las diferentes formas y tamaños de las luces navideñas que colgaban entre edificios dotando de luz y alegría a la ciudad.      

            Ese espectáculo sorprendió a Berta y a su pequeño de cuatro años que, agarrado a la mano de su madre, dejó escapar un grito se asombró. Berta, esbozó una sonrisa ante la reacción de su hijo y que creció en alegría al verlo pasmado, con unos ojos resplandecientes que recogían toda la iluminaria y, realzaban sus mejillas blancas y delicadas.            

            De repente, notó como el aire se hacía más pesado y su corazón empezaba con una taquicardia que desde hacía unos meses le era familiar. Se llevó la mano al pecho, reprimiendo las lágrimas rebeldes que luchaban por brotar.   En un acto inconsciente pero habitual, observó el móvil. Ninguna llamada. Alzó la vista hacia las luces que le retornaron el aliento lleno de un sosiego de esperanza. Estaba segura que esas no iban a ser las ultimas Navidades de su pequeño. Sonrió. Encontrarían donante.

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