narrativa

De la lectura y del arte de escribir

By j re crivello

A veces se estira la mañana pero duda en romperse. Cuando me siento a escribir y no hay tema, o no hay más que sucedáneos de historias reconozco que el café es la solución. ¿Se lo explico? Me levanto de mi estudio, en una mesa de color negro de cristal que da al patio, luego atravieso un largo pasillo y en la cocina recaliento las sobras de la primera hora.

Podría hacer uno nuevo o rellenar la máquina de café moderna de capsula. Doy vueltas, me como las 2 famosas galletas de chocolate de la marca Día y si no me he despejado regreso por el pasillo, abro la puerta que da a la escalera y en los laterales esta la biblioteca adosada a la pared que lleva hasta la terraza. Mientras uno sube, están apilados en una estantería una buena cantidad de libros y escojo uno al azar y al abrirlo también me dejo seducir por la voz interior del autor. Hay días que son de narrativa, en otras de ensayo, o de revoluciones antiguas. Ahora, si me lo permite, hare lo descrito y en 10 minutos retomaremos el dialogo. Le prometo que escribiré a continuación el texto elegido. Luego disertaremos sobre ese clásico y le daremos vuelta. Nos vemos…

«Los calvos nos cuentan cosas que jamás resultarán verosímiles, diciendo que en aquellos montes viven hombres con pies de cabra, y que más allá hay otros que duermen un semestre entero, lo que de todo punto no admito” Pág. 206 Kapuscinski

He escogido esta cita, por no llevarnos a ningún sitio, pero diré que he conocido hombres con pies de cabra, cuando muy niño viví en una comarca más allá de las señas de contacto de los ciudadanos tradicionales, llegué hasta allí detrás de mi padre D. Ré, quien gustaba de vivir en pueblos insólitos. En esa comarca dichos hombres de pies de cabra se limaban las uñas en el rio y siempre me atraían las burbujas que escapaban de tal ejercicio insano. Era un valle, de montañas adormecidas como si el viento las hubiese apilado una al lado de otra. En los surcos entre ellas, al calor dormían víboras de metro y medio.
Desde la calle principal se podía ir a un lago, no tan grande ni tan profundo, allí solía pescar con un amigo, bajábamos unas botellas de sidra agujereadas en su parte trasera y con miga de pan los pececillos entraban. Eran tardes gloriosas, el verano se llenaba de aire cálido y los sauces temblaban hasta rozar el agua. Nosotros con pantalones cortos nos brindábamos a la cosecha de peces de colores y el lago era un líquido inmenso de fiesta lejana de la pequeña ciudad y, la comarca donde mi padre avisaba con recelo, en una clásica frase que repetía sin cesar.
“Aquí duermen la siesta y beben vino sin importarles si hay guerra, hambre o revoluciones”.

Y era así por cierto, hasta aquel día en que los peces del lago crecieron de una manera descomunal, y nosotros perdimos la zona de tranquilidad pues merodeaban rio arriba, rio abajo los pescadores de pueblos vecinos. Nadie conocía el origen de tal crecimiento inesperado, salvo nosotros. Fue imprevisto, mi amigo Sergio F, dio con la explicación, al decir al grupo de amigos, en la siesta de un viernes:
—Son ellos
— ¿Quiénes? —preguntamos a coro.
—Los hombres con pies de cabra. Al lavarse sus crostas del pie, ya inservibles, alimentan a los peces hasta convertirlos en gigantes
— ¿Tú crees? Dije con voz de resina seca, para entender que la unión de dos cambios en la naturaleza probablemente producirá… otros cambios. Y miré hacia él, quien cerró el círculo. Alguien con voz chillona agregó:
—Los que coman esos peces del lago serán aún más grandes que estos peces. Y la deformidad ahuyentará a los vivos.
—Es posible –dije, para agregar. La naturaleza se autolesiona o transforma. (2)

Escribir, y retomo —si me permiten, es contar historias tan creíbles que el lector este unido a ellas y no sea capaz de decir que lo conocido en la historia, no ha existido. Mi primera lección como escritor, fue alrededor de los diez años. Al abrir la Biblia, era fantástico ver como Abraham rompía las Tablas de la Ley. O, cuando Moisés extendió la mano, y el mar se abrió y el pueblo de Dios le atravesó. (3)

Con ello, para terminar, un buen lector anuncia la posibilidad de un buen escritor. La diferencia entre el primero y el escritor es que este pone todas sus técnicas: la imaginación, los sueños, la memoria, y su talento al servicio de explicar algo que jamás fue contado.

Notas:
(1) R. Kapuscinsky, Viajes con Herodoto, Edit Anagrama, Año 2004
(2) A mediados de marzo, Darwin especulaba en su cuaderno rojo sobre la posibilidad de que «una especie se transforme en otra» para explicar la distribución geográfica de las especies de seres vivos como los ñandúes, y de las extintas como Macrauchenia, una especie de guanaco gigante. Desarrolló sus ideas sobre la longevidad, la reproducción asexual y la reproducción sexual en su cuaderno «B» en torno a mediados de julio hablando de la variación en la descendencia para «adaptarse y alterar la raza en un mundo en cambio» como la explicación de lo observado en las tortugas de las Galápagos, pinzones y ñandúes. Fuente Wickipedia

(3) Wickipedia / La Biblia Después de recibir los Diez Mandamientos, Moisés bajó del Monte Sinaí y se encontró al pueblo de Israel adorando un becerro de oro, por lo que el profeta arrojó las tablas enojado.

«Extendió Moisés su mano sobre el mar; y el Señor, por medio de un fuerte viento solano que sopló toda la noche, hizo que el mar retrocediera; y cambió el mar en tierra seca, y fueron divididas las aguas». Éxodo 14:21. El relato es uno de los más impresionantes de la Biblia.

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3 respuestas »

  1. Una entrada muy interesante, me ha entusiasmado. Recuerdo haber tenido una biblia ilustrada, de pre-adolescente, y pasaba buenos ratos conn ella, especialmente el antiguo testamento, la historia de todos aquellos personajes y lugares tan asombrosos. Entonces la connotación religiosa no estaba, era un libro de aventuras, con acción, sangre,, sexo, de todo….Más lo añadido por la imaginación 🙂

    Siempre me llamó la atención el rechazo de las autoridades, entre ellas las eclesiásticas en relación a las creencias de los pueblos y culturas conquistadas, donde era paganismo y creencias de ignorantes salvajes, una ceremonia p.ej:para atraer la lluvia…Y sin embargo me imagino la cara que debían poner los «salvajes» cuando les hablaban de un señor que caminaba sobre el agua, un nacimiento de una virgen, seres angélicos, resurrección, etc…un mundo igual de fántastico que el suyo,. El suyo era mentira, el de los colonizadores verdad dogmática, absoluta…Mientras quemaban a un pagano por atraer la lluvia con una danza, en México, en un pueblo de Extremadura sacaban a la virgen en procesión para que lloviese, el cura en cabeza.
    O tempora o mores. Todo depende del color del cristal con que se mira.

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