miércoles, septiembre 2 2026

Políticamente NO correcta: DERECHO A INFORMAR SIN MORDAZA by Úna Fingal

Corren malos tiempos, no para la lírica, sino para la prensa, y sobre todo para darle a la tecla con libertad. Lejana en un horizonte perdido ya hace mucho, la intrepidez de desafío a todo, la sensación de volar a lomos de las palabras contra el viento, y ese olor de tinta rebelde azotando la cara y los cabellos revueltos.

Hoy en día y para tristeza de quienes lo hemos conocido, las generaciones más jóvenes leen artículos mal redactados bajo el epígrafe mal entendido de la revolución digital, se ha perdido el papel y se ha ganado en estulticia. El copia-pega está a la orden del día, y las redacciones ya no lo son, son más bien una suerte de eco repetitivo destinado a cultivar, lo que ya he dicho, el atontamiento y la falta de pensamiento crítico. Ya no hay prensa, ni libre ni sometida, la prensa ha muerto. Lo que sí que hay es propaganda al servicio de unos y otros, y el ciudadano asiste atónito a la difusión de los diferentes relatos siempre con intención crispante. Se añoran aquellos noticiarios y periódicos antiguos, se echa de menos a los periodistas de raza. Cuando desapareció el último, la prensa desapareció con él.

El mítico paradigma enseñado en la facultad de Ciencias de la Información, sobre «que un perro muerda a un hombre no es noticia, pero sí al revés, o sea, cuando un hombre muerda a un perro se publica», ha quedado engullido por el clickbait, una herramienta con la que hay que tener cuidado porque la carga el diablo. Y entre el clickbait a la fake new sólo está el cursor del mouse.

Y, por si fuera poco, la cultura de la cancelación llegó para quedarse y tiranizar el sentido común, a la hora de expresarse como uno cree que debe hacerlo. Bajo un falso modelo de corrección se impone la prohibición, y sus resentidos tentáculos son capaces de alcanzar a quienes hoy en día ya no están aquí para defenderse, y así, dañar legados preciosos, ni los autores clásicos se salvan. Vuelven las hogueras. Y creedme, asistiremos a nuevas quemas de libros. La superstición y la incultura, la oscuridad y la negación están ganando no sólo las batallas, sino las guerras. La humanidad pierde y está perdida.

A menudo me sorprendo añorando a los míticos periodistas del Chicago Examiner, Hildy Johnson, Walter Burns y Peggy Grant, (Jack Lemmon, Walter Matthau y Susan Sarandon en Primera Plana, The Front Page), película de culto que sería conveniente tener más presente que nunca.

Hoy los medios se desenvuelven bajo la dictadura de la estética contra el contenido, imperan demasiados creadores de ese contenido sin él, los mal llamados influencers han afectado todos los ámbitos, y por eso han minado su autenticidad. Consentidos y ridículamente venerados por el sistema, venden superficialidad, artificialidad, pose, ¿qué importa la verdad mientras se tenga la máxima audiencia? Y tras esa tentación fácil han caído todos los poderes fácticos, lanzándose a un precipicio sin fondo y por propia voluntad detrás de… ¡Nada! ¿Por medio segundo de gloria? Y en él se quedan, en un infierno que les despoja de su esencia y de la capacidad para recuperarla, ciegos para ver la realidad, sólo vegetan mendigando interacciones y comentarios, por tontos que sean.

Y uno siente que su lugar ya no está en ninguna parte. Una lástima ver esto cuando algunos hemos disfrutado del tiempo glorioso de la libertad de prensa.


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