
¡Ay, ay! ¡Amores!
¡Qué gran desdicha sois para los mortales!
Medea
Sentados a la mesa
ambos sabéis que miente,
cómo si no la boca árida
y el tobillo tan púrpura
como un amanecer de niebla.
Seis euros, un taxi
te viene bien
andando desde el faro,
dijo la espalda.
Y ella se refugia en el asiento.
Alguna vez tendrá que levantarse
y abandonarlo.
Se encoge dentro del abrigo
por ese frío antiguo
que añora la vida
que perdió viviendo.
Cuando la oscuridad avanza
no quiere branquias para casarse.
Todas las noches es posible…
le susurra el coro
de las mujeres de Corinto:
el monstruo desarmado…
el filo de acero fácil…
Más hoy sí se levanta
el dolor solo está en el tobillo.
Cuando cierra la puerta,
seis euros un taxi,
se alegra
porque no lo verá morir.
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