narrativa

¿Qué diferencia un retrato de un selfie?

By Rosa Boschetti

Los retratos han jugado un papel interesante a través de la historia. Buscan fijar la imagen de un ser vivo mientras aún lo está, para que sea recordado en una etapa determinada. Pero no siempre fue así y no todos querían, o merecían, ser inmortalizados en una imagen.

En sus inicios se realizaban para perpetuar la imagen de los soberanos. También sirvió para dotar de rostro (y que este fuese reconocible) a los dioses, las deidades y creencias del momento. Con el tiempo se extendió a nobles, familias y allegados, animales incluidos. El artista, en los primeros momentos, era anónimo y estaba al servicio del rey. Después, con el paso del tiempo se da a conocer, pero, por mucho tiempo, sigue al servicio del status quo. Luego la práctica de retratarse se fue democratizando hasta llegar a los selfie que hoy inundan las redes. ¿Pero toda captura de la imagen personal es un selfie o un autorretrato?

En las primeras civilizaciones, las esculturas cumplieron la misión de representar a los mandatarios y deidades.

Al hablar de Egipto, nos encontramos que ellos sentaron las bases de la representación divina para regocijo, contemplación y veneración de los más necesitados ya que su cultura era básicamente religiosa y sus soberanos, considerados Dioses, debían ser tratados como tal. Para ello empleó la escultura como medio ya que la pintura se utilizaba para decorar las paredes de los templos, tumbas e ilustrar papiros.

Por otro lado, los egipcios creían que el gato era un representante de Ra, el dios del sol y por eso es común encontrar, como símbolo de respeto y culto, esculturas de ellos.

Busto de Nefertiti del escultor Tutmose, 1345 a. C.
Estatua de Bastet, Ägyptisches Museum.

Con la cultura Mesopotámica la religión pasa a un segundo plano y cobra fuerza el gobernante. Se hace presente el concepto de una cultura civil, práctica y la sociedad está al servicio de sus gobernantes, sin abandonar la representación de sus deidades y de diversos animales. Los Mesopotámicos también utilizaron la escultura como medio para sus realizar sus retratos.

Estatua sedente del príncipe Gudea (2120 a. C.)
La reina de la noche (1800-1750 a. C.)

Sin embargo el primer indicio de retrato bidimensional que aparece en la historia es en el siglo V a.C. sobre las monedas, llamadas Dárico, de los reyes persas. Esta era una moneda de oro, que introdujo el rey Darío I (522-485 a.C.) y se hizo común en el Imperio aqueménida. Acuñar monedas de oro era una prerrogativa real. Los generales, las unidades administrativas, así como las ciudades autónomas y príncipes locales, solo podían acuñar monedas de plata, de cobre y no tenían el retrato del rey. El uso de esta moneda fue finalmente reemplazado por otras, luego de la conquista de Alejandro Magno.

Anverso de un dárico. Siglo V a. C.
Anverso de un dárico doble, 330-300 a. C.

Las civilizaciones siguientes continuaron con el empleo de los retratos escultóricos, pero con la llegada del Imperio Romano se agregan otras variantes.

Se comienzan a realizar lo que más adelante se conocerán como pinturas funerarias ya que representaban el rostro de algún personaje importante que acababa de fallecer.

Retrato fúnebre de época romana hallado en El Fayum (provincia situada hacia el sur del delta del Nilo)

Luego del imperio romano no se abandonó la práctica de retratar al moribundo para perpetuar la imagen del fallecido en la familia de clase pudiente, que podían pagar a un pintor o escultor para tal fin, siendo la creación pictórica la preferida para la representación.

Felipe IV muerto. Pedro de Villafranca y Malagón, 1665
Louise Vernet en su lecho de muerte. Paul Delaroche, 1845
Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte. Vicente Palmaroli, 1870
La muerte de Marat. David, 1793

Paralelo a ello no se abandona la representación de los retratos de las personas y sus animales aún con vida. En la historia del arte encontramos un número significativo de ello en todas las épocas.

Retrato de dama con gato, de Bacchiacca, 1525.
Retrato de Eleonora Gonzaga, por Tiziano. Galleria degli Uffizi, Florencia.
La Gioconda o Mona Lisa (1503-1506, y después 1510-1515) Leonardo Da Vinci. Obra habitualmente considerada un retrato de Lisa Gherardini o por el nombre de casada, Monna Lisa del Giocondo.
Retrato de Princess Maria of Saxony. (1534) Autor Lucas Cranach, el viejo.
Vincent van Gogh Autorretrato (1887) Art Institute of Chicago
Norbert Bertrand Barbe. Autorretrato como joven donante, aguada en cartón, 1998

Pero con la llegada de la era industrial esto cambia.

Fotografía ¿Una nueva expresión del retrato?

Aparece la fotografía y muchos piensan que es el fin de los retratos pictóricos, sin embargo ambas especialidades conviven sin aparente problema, por el contrario, cada una aporta aspectos que las enriquecen mutuamente. Sin embargo las clases de mayor poder adquisitivo se dejaron deslumbrar por la nueva tecnología para continuar con la costumbre de retratar a los familiares moribundos, por lo que contratan fotógrafos para tal fin. Así surgen las Fotografía post mortem.

Célebre retrato post mortem de Domingo Faustino Sarmiento. (1888)
Fotografía post mortem de una chica muerta y sus padres.

Podríamos pensar que el pintor ya no era tan indispensable, sin embargo éstos continuaron realizando retratos, bien por algún encargo de los más adinerados que preferían las viejas tradiciones o por la necesidad de un estudio anatómico, de expresión de sentimientos. Además sus servicios fueron requeridos ahora por las clases sociales más desfavorecidas, que sin fondos para realizar retratos familiares en vida y sin recursos económicos para contratar un fotógrafo, utilizaron sus servicios para perpetuar la imagen de sus seres queridos, recién fallecidos. Así el pintor pasó de ser un empleado favorecido por el status quo, a ser un asalariado a destajo.

Luego la ceremonia mortuoria pasó a ser privada y la costumbre de retratos (pictóricos o fotográficos) post mortem se dejan a un lado. A mitad del siglo XX ya esta práctica ha desaparecido por completo, hay que tomar en cuenta de que la esperanza de vida promedio a aumentado y que con el fin de la guerras mundiales la noción de la muerte a dado un giro, es privada y es tabú y por lo tanto deja de ser candidata a ser representada. En algunas culturas a quedado como parte del ritual funeral el colocar en la lápida, junto a su nombre, fecha de nacimiento y muerte, un retrato del difunto cuando aún estaba vivo, porque la necesidad de recordar y ser recordado sigue presente.

Es obvio que la fotografía no se limitó a retratos post mortem, desde sus inicios los retratos de todo tipo se han hecho presentes mostrando la diversidad del mundo y de las circunstancias.

Robert Cornelius, 1839. Primer autorretrato de la historia
Dorothea Lange: una madre con dos niños, Nipoma, 1936

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El selfie: artistas y Fotógrafos somos todos

El artista (pintor y fotógrafo) continuaron realizando retratos hasta que este se transformó en un objeto independiente con la llegada de la era digital. El retrato de rostros vivos y ya fallecidos tiene y han tenido un objetivo, una intención detrás de su ejecución. Como se ha dicho, primero fue la demostración de poder y una forma de ser reconocido como poderoso, luego la del reconocimiento social. Pasa también por la necesidad del recuerdo, la captura de un momento especifico de la vida en la cual reconocerse después, durante esta misma vida o dejar para que otros la reconozcan después de fallecidos. Es una especie de historia personal que detiene el tiempo en un momento puntual de nuestra existencia.

Algunos dirán que se diferencian básicamente en la intencionalidad, en la captura de la expresión, en el trabajo técnico de la luz, la composición y aspectos técnicos propios del arte, otros dirán que la diferencia está en el recurso que se utilice, lápiz, acuarela, óleo, etc. ilustración digital, cámara profesional o un simple móvil. Éstos sitúan al retrato (y autorretrato) en todo aquello que cumpla los requisitos anteriores, menos el de provenir desde un simple móvil, si este está presente ya es selfie. Se asume que al ser desde el móvil ya no hay intención y es aquí en donde veo una línea tan delgada que se me pierde en muchos casos.

El retrato, autorretrato y el llamado selfie tiene fines similares. Aunque con diferencias que resultan en matices poco definidos. Un autorretrato, por ejemplo difícilmente tiene fines comerciales, aunque como digo la línea se hace delgada: la fotografía de un curriculum vitae, contraportada de un libro o perfil de una red social, por ejemplo, ¿no son retratos con fines comerciales? me atrevo a decir que sí, se hacen con la intención de proyectar una imagen en función de obtener algo de otro. Tiene intención, se estudia la pose, la luz, lo que se quiere trasmitir para agradar, interesar y captar la atención del empleador o el público. Por otro lado, una foto casual, lo que se entiende como selfie, ¿no tiene fines comerciales? lo pongo en duda ya que es uno de los recursos favoritos de los influencer. El retrato se ha convertido en retrato publicitario en casi todos los casos, bien sea para mostrar un producto de una marca o un maquillaje con propuesta artística incluida, por ejemplo. De igual modo pasa en los demás ámbitos del sector publicitario.


Link imagen

Estarán también las personas no influencer, los que no pretendan vender o que no busquen ser retribuidas en lo inmediato. ¿Entonces no son retratos por estar hechos desde el móvil? he aquí otro matiz que me hace dudar de que esto sea realmente otra diferencia. Los retratos anteriores a la era digital también cumplían la función del reconocimiento social. Por otro lado decir que el selfie es algo casual lo pongo seriamente en duda, hay poca espontaneidad en lo fingido, aunque tampoco descarto de que alguno sea hecho sin al menos posar.

Los selfie tiene una clara intención, la de mostrarse. Mostrar la felicidad, la prosperidad, amistad y todos esos valores que culturalmente se están alimentando, nadie colocará el retrato de su ser querido agonizando, o recién fallecido. Todos mostrarán sus mejores galas en cuanto actitudes se refieren. Está la intención de ser una especie de fe de vida, Instagram está lleno de eso, de demostración y actualización de la actitud siempre feliz y despreocupada que se exige.

En el pasado se retrataba el poder, luego los afectos, ahora la devoción al imperio de la felicidad. Se ha democratizado el tema de la autoimagen, cualquiera puede realizar una foto de sí mismo o de algún otro individuo, la sociedad se ha llenado con una avalancha de rostros desconocidos, que a fuerza de verlos en las redes, se hicieron familiares y famosos. Uno de los retratos que no ha faltado nunca en la historia y que ha estado un poco al margen de todo esto son los gatos, pero esta sería otra reflexión.

En otras ocasiones he dicho que arte es todo lo que tenga una propuesta, un discurso que arriesgue y comprometa lo que dice, aun cuando esto sea complacer los valores establecidos ya que el arte no se reduce a trasgredir únicamente, sino que refleja, trasmite (perpetua) y advierte. La única diferencia que veo clara entre un selfie actual y un retrato, está justo en su propuesta. Daría un poco igual si se dibuja en una servilleta con un lápiz de grafito o si se toma la foto desde un «simple móvil». En ambos casos la calidad del trabajo dependerá de la parte técnica, pero el mensaje (la intención) será artística o no, siempre que tenga una propuesta.

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