
Apuro los días de este verano caluroso, intenso. Septiembre asoma a la vuelta de la esquina y con él volveré a la rutina cotidiana que lejos de agobiarme espero con ilusión. Quizás sea porque estos meses los he vivido intensamente junto a mis hijos y nietos llenando hasta el borde el «saco de los buenos recuerdos».
Aún me quedan algunos atardeceres junto al mar, los últimos paseos en la playa marcando mis pasos en la arena que lamerán las olas llevándose con ellas mis huellas. Y después regresaré a los caminos de asfalto, que no dejan huellas en el suelo, esperando a los soles que doran los membrillos y amarillean las hojas de los árboles, haciéndolas lucir sus mejores galas en su adiós al estío.
Regreso cargada de vivencias que guardo en mi corazón y reflejo en mi mirada, en mi sonrisa, en mis manos, y así, poder esparcir en lo cotidiano, un poco de cielo, de mar y montaña de estos días de verano.
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