Las fiestas navideñas se terminan, ponen punto final a días de asueto, felicidad, copiosas comidas y brindis con buenos deseos.
La austeridad proclama su reinado en avenidas o calles donde el colorido de luces brillan por su ausencia, nunca mejor dicho. Desaparecen alumbrados de multitudinarias luces coloridas adornando la ciudad, portales de belén, pinos, adornos en establecimientos y atracciones infantiles que alegran la ciudad durante días.
La algarabía multitudinaria de personas que habitan calles oyendo villancicos originarios del interior de los centros comerciales, en tono mas alto de lo normal, contrastan con el austero silencio que ahora existe en cualquier rincón. Apenas se oyen murmullos y no proceden las voces de tono elevado.
Un tanto aletargados, con reminiscencias de las fiestas, intentamos adaptarnos al medio ahora mas sobrio.
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