martes, septiembre 15 2026

Adrenalina después de las seis. by María José Luque Fernández

Una estrella brilla en el firmamento, la luna creciente  la abraza, la  química que desprenden, se respira,  es tan fuerte,  que no puede liberarse.

El cielo se vuelve gris, el sepia lo envuelve todo. Un destello se hace hueco entre tanta ingratitud, cruza el cielo llegando casi a tocar la tierra, la humanidad pide un deseo y los dioses se lo niegan.

Vuelve la reina de la noche, resurge de la obscuridad la eterna juventud, la diversión, nuestra fiel acompañante, y en medio de la ruidosa ciudad las risas de los transeúntes que se divierten sin mirar al cielo. ¿Para qué? Salen de un pub  ó una discoteca, charlan a gritos, sin respetar el silencio de la noche y entonces vuelven a desaparecer, engullidos en algún otro antro, beben, fuman, se dejan llevar por el ruido de la música, por el ir y venir de las luces de colores, que invitan a mover el esqueleto.

Siempre más de una copa, en principio, a veces, para vencer la timidez, después para seguir a los demás. La dinámica: Con unos grados de más dejamos de sentirnos ridículos en la pista de baile, ya no importa si bailamos bien ó mal, se deja uno llevar por el ruido, fluyen las palabras, mejoran las relaciones interpersonales.

Nos embriagamos  con esa mezcla  de alcohol y pastillas sicodélicas, incluso los cuarentones que antes se fumaban algunos porros después de salir del local, tomando el fresco de la noche, se unen a la fiesta.

El nivel de sonido asciende a 5.000 vatios, que a veces pueden llegar a ser insoportables, su fiel acompañante el láser barriendo la pista y dispersos por la sala varias salidas de megatrón que refrescan la temperatura interior unos grados disparándose cuando la música sube de nivel, dejando un ambiente de niebla durante breves momentos.

Algunos muchachos bastantes perjudicados, se dejan refrescar por el megatrón que se dispara a una temperatura de -78,5 grados bajo cero.

Seguro que muchos desconocen que es la temperatura del hielo seco.

Y de repente pintura roja, verde ó azul surge por doquier, desde los cañones de pintura. Es una nueva moda en algunas discotecas, lo llaman “Paint Glow”.

Las salas  ofertan nuevas diversiones para los vividores de la noche: Cañones de confeti, globos  y rotuladores de flúor,  equipo de maquilladoras, maquinas de humo, pistolas para lanzar pintura…

Todo vale, con tal de atraer clientes. La gente quiere novedades, diversión a todo tren, sin problemas, sin límites; todos cómo locos, los DJ más actuales, música…  los carteles anuncian “El mejor Remember” ó “Rollo Tomorroland”.

Algunos hacen el mismo recorrido, otros van cambiando, conociendo locales nuevos por todo Madrid, a veces, el reclamo: una invitación a la primera copa y la entrada gratis, así con un poco de cara, hay gente que pasa la noche.

Después de las seis, cuando cierran las discotecas, entran en escena los  «After hours»  que  sirven en la mayoría de las ocasiones para seguir derramando adrenalina.

Los hay tranquilos: “Chill Out”, medio en tinieblas donde ir volviendo a la realidad del día, tomando la última copa ó un café acompañado de charla agradable, antes de ir a dormir ó en algunos casos antes de encadenar con las obligaciones  del día siguiente.

Pero los que realmente triunfan y hacen lleno noche tras noche, son los after hours asociados a la música electrónica, siguen siendo discotecas, salas grandes, a veces de dos plantas, donde ofertan las mismas diversiones que en cualquier discoteca normal de la capital.

La mayoría de los que continúan quemando adrenalina son jóvenes, muy jóvenes, entre 18 y 25 años, que cada fin de semana largo (de viernes a domingo) viven la misma rutina.

Chicos atractivos, con mucha labia, con una sonrisa encantadora, detrás de la barra, Chicas exuberantes que invitan a visitarlas una y otra vez para rellenar la copa, cautivan tanto a adolescentes como cuarentones que salen a vivir la noche, a divertirse, porque no a buscar compañía, tal vez solo para charlar, tal vez, se dejen llevar.

Es difícil decidir si la noche es cómo una botella de ron a medio llenar  ó medio vacía, cual es la justa medida: Es todo un laberinto de secretos, de pasiones, de sueños, de risas y a veces de lágrimas, de primeros encuentros, de finales en el hospital…

Todo un negocio, también.

Todo tiene cabida. Adrenalina en estado puro.

 

@María José Luque Fernández.


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