lunes, septiembre 14 2026

EL ECO DE TEBAS POR MARÍA BONILLA JIMÉNEZ-PAJARERO

Publicado en KAIRÓS REVISTA LITERARIA

Probablemente uno de los mitos que más resuenan de la Antigua Grecia es aquel en el que un hijo terminó casándose y teniendo hijos con su propia madre. Historia perturbadora, ¿verdad?. Pero es vox populi que muchos de los mitos griegos tienen una parte profundamente traumática.

El mito del que hablo es el de la maldición de la estirpe de Edipo. Dentro de este se enmarca una de las tragedias más representativas de la Antigua Grecia, Antígona de Sófocles. En ella, tras la muerte violenta de sus hermanos, Antígona, hija de Edipo, hará todo lo posible para que su hermano Polinices reciba los honores fúnebres que su tío Creonte ha prohibido. Así, la obra nos plantea un conflicto entre hacer lo que la autoridad manda o seguir una ley moral superior.

Por otro lado, hallamos que más de dos años mil después, la es- critora británica Natalie Haynes, a través de su obra The children of Jocasta, ofrece una visión diferente del mito, marcada por un enfoque feminista y con- temporáneo.

Ahora bien, a raíz de estas obras me vienen preguntas como ¿hasta qué punto puede cambiar nuestra forma de entender una misma historia? ¿qué factores influyen en ello? o ¿se pierde la esencia del mito al reinterpretarlo?

 

Una misma historia, dos épocas distintas

Para poder responder a estas preguntas, primeramente es necesario saber en qué contexto surgen ambas obras. Antígona se escribe en la Atenas del siglo V a.C, una época de gran esplendor cultural y político. Sin embargo, bajo esta aparente estabilidad, existía una tensión latente entre el individuo, el Estado y los límites del deber en una sociedad donde, además, las mujeres carecían de voz y voto.

Por su parte, The Children of Jocasta se publica en pleno siglo XXI, un momento en el que se reivindica el papel de la mujer y se revisan los mitos desde una perspectiva más crítica y contemporánea, reinterpretando las figuras clásicas desde una sensibilidad más humana y alejándolas del tono solemne de la tradición.

Por tanto, aunque ambas obras parten del mismo mito, inevitablemente reflejan valores muy distintos.

Desde las primeras páginas es evidente que ambas obras persiguen objetivos diferentes, ya que parten de momentos distintos del mito. Sófocles se centra en el episodio trágico de Antígona, mientras que Haynes amplía el foco y reconstruye toda la historia familiar, otorgando especial protagonismo a Yocasta e Ismene, figuras tradicionalmente relegadas a un segundo plano.

¿Hilo de los dioses o efecto dominó?

Cada obra nos plantea un enfoque muy diferente sobre cuál es el motor que hila el destino de los personajes. Antígona, como una de las obras por antonomasia del ciclo tebano, presenta el destino de los hombres como algo que está controlado por las leyes no escritas e inmutables de los dioses. De este modo se desata el fatal destino de Antígona y de toda su familia como consecuencia de la maldición de la estirpe de Tebas.

En cambio, en The Children of Jocasta las tragedias ya no responden a un castigo divino, sino a una cadena de causas y consecuencias provocadas por las propias acciones humanas, como una especie de efecto dominó emocional y moral. El retelling abandona así la visión fatalista de la tragedia griega y presenta una perspectiva mucho más contemporánea: los personajes no están condenados por los dioses, sino por sus decisiones, sus miedos y sus deseos.

De la sumisión al protagonismo femenino 

Uno de los aspectos en los que más difieren ambas obras es el papel de la mujer. Como en toda tragedia griega, las figuras femeninas aparecen subordinadas y con escasísima capacidad de acción. Así lo muestra Ismene con la frase:

Mientras que en la novela de Haynes, influenciada por un contexto contemporáneo y feminista, las mujeres adquieren mayor protagonismo y complejidad psicológica. Yocasta, por ejemplo, aparece como una figura profundamente marcada por la soledad, lo que aporta un nuevo sentido a sus decisiones.

Es así como los personajes dejan de actuar como arquetipos guiados por principios morales o leyes superiores. En su lugar, se profundiza en su mundo interior. Sus decisiones no se presentan como inevitables, sino como resultado de experiencias personales, miedos, traumas y deseos, lo que permite comprender sus motivaciones y empatizar con ellos. De este modo, figuras como Ismene, que en la tragedia clásica podían parecer más distantes,se transforman en individuos cercanos al lector, cuyas acciones se entienden dentro de un contexto mucho más humano y no únicamente trágico.

En definitiva, me gustaría terminar diciendo que la comparación entre Antígona de Sófocles y The Children of Jocasta de Natalie Haynes demuestra que los mitos no son algo estático, sino que evolucionan con el tiempo en función del contexto histórico, social y cultural. Esto permite que relatos del pasado puedan reinterpretarse desde nuevos enfoques sin que por ello pierdan su esencia.

De hecho, es precisamente esta capacidad de adaptación y evolución lo que mantiene vivo a los mitos, evitando que se conviertan en relatos estáticos y permitiendo que sigan generando reflexión e inspiración. Así, la literatura se construye como un proceso continuo de conexión entre obras, donde unas influyen en otras y cada nueva versión aporta una mirada distinta que amplía el significado original. Y creo que eso es lo más bello del arte, como este nos inspira para hacer más arte.


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