Cruje la luz en la junta de los dedos,
donde el tiempo es un testigo ciego,
fulgor que la carne todavía nombra.
Aunque venimos de un silencio
anterior a la palabra,
no hay tregua en la marea de tu vientre,
es el amor una grafía de sudor sobre la piedra,
donde el deseo se escribe con salvia.
Sé que aún puedo morder la noche
y nombrarte en la penumbra,
no como quien invoca un aroma,
sino en el acto que desentierra un signo:
el latido de un invierno, una tierra elocuente
un vaso de temblores deshecho,
un fémur atrapado por un coxis.
Este Dios prefiere el asombro a la cordura.
Mírame estas manos : traen el rastro del basalto
y la arena, los roces de días que no tenemos.
Aún queda la piel, pero oxidada,
la última vibración, el inicio de la luz
un sol que se deshace
en la sagrada impiedad de tu cadera.
@José Valverde
@Imagen Pinterest
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