El feminismo es un movimiento teórico y una forma práctica de concebir la vida que buscan hacer efectiva en la sociedad la igualdad entre las mujeres y los hombres. Nos proponemos analizar este concepto de igualdad, para luego, si es posible, comprobar su grado de realización en España y en el mundo.
Para saber en qué consiste realmente esta igualdad debemos aclarar antes el significado de algunos conceptos relacionados con ella, como son los de diferencia, desigualdad y equidad.
La diferencia
Entendemos por diferencia cualquier característica por la que algo se distingue de otra cosa. En este sentido, los hombres son diferentes de las mujeres, y así lo muestran tanto sus cuerpos como sus cerebros y sus hormonas. Conviene no caer en este punto en el juicio temerario, erróneo e interesado de afirmar que la diferencia de cerebros hace que unos sean más inteligentes que los otros. Las cosas no son tan simples. Ninguna de estas diferencias implica ni superioridad ni inferioridad: solo diferencia. Estas diferencias se consideran naturales y se dan no solo cuando equiparamos a los hombres con las mujeres, sino también cuando comparamos entre sí a los hombres o a las mujeres. Todas las personas somos diferentes.
La desigualdad
Cuando una persona recibe un trato injusto debido a su situación económica, su sexo, su orientación sexual, su religión o a cualquier otra característica de su vida concreta, se produce una desigualdad. Que las mujeres y los hombres no cobren el mismo salario por realizar igual trabajo, que un hombre maltrate física o psicológicamente a una mujer porque se considere superior a ella o que se persiga a un homosexual por serlo son ejemplos de tratos injustos y discriminatorios y, por tanto, de desigualdades. Las desigualdades no son nunca naturales, sino siempre fruto de la acción humana.
Conviene insistir en que no es lo mismo diferencia que desigualdad. La igualdad admite diferencias, pero rechaza los privilegios y las discriminaciones. De hecho, todos somos diferentes y, sin embargo, iguales.
La equidad
El concepto de equidad es más cercano al de igualdad. La equidad es un mecanismo que tiene en cuenta las peculiaridades concretas de los individuos, las características de su situación, y propone acciones adecuadas que eliminen las posibles desventajas iniciales que puedan tener algunos para conseguir la igualdad. Pongamos un ejemplo que aclare esta idea. Imaginemos a un padre, una madre y un hijo pequeño que quieren ver lo que hay detrás de un muro. Ninguno de ellos es tan alto como para poder verlo, por lo que necesitan unos cajones en los que subirse para poder hacerlo. Si los tratamos con una mera igualdad y le damos un cajón igual a cada uno, el niño no llegará al borde del muro y no podrá ver nada. La equidad considerará las características peculiares del niño y propondrá que le demos los cajones que necesite para que pueda ver. La equidad lo que hace es matizar la manera de que cada uno consiga la igualdad real.
La equidad matiza la manera de que cada cual consiga una igual real frente al resto.
La igualdad
Y llegamos al concepto de igualdad. Lo primero que hay afirmar es que la igualdad tiene sentido en el marco de una sociedad democrática. En una de corte autoritario, totalitario o fascista no solo no existe la libertad, sino que la igualdad no cuenta para nada a la hora de organizar la sociedad, ni siquiera entre los propios varones.

La igualdad entre todos los seres humanos viene recogida en uno de los documentos más importantes elaborados en la historia de la humanidad: la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH). El 10 de diciembre de 1948, representantes de todas las regiones del mundo aprobaron en las Naciones Unidas esta Declaración, que establece los derechos que todo ser humano, por el mero hecho de serlo, debe disfrutar. Podemos leerla en esta dirección: https://www.un.org/es/about-us/universal-declaration-of-human-rights y comprobar así cuáles son nuestros derechos.
Son varios los artículos que hablan explícitamente de la igualdad. Es significativo, por ejemplo, el Artículo 1, que dice:
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.
Obsérvese que este Artículo habla de “Todos los seres humanos”. La redacción inicial hablaba de “Todos los hombres”, pero fue Hansa Mehta, delegada de India, la que logró cambiar la redacción y sustituir los “hombres” por los “seres humanos”, quedando claro con ello que se incluía a las mujeres.
El Artículo 2 dice:
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo,…
Y así hasta completar los treinta artículos de la Declaración.
¿En qué consiste la igualdad? Desde un punto de vista práctico la podemos describir como el trato equivalente que cualquier ser humano u organismo le otorga al resto de personas, sin que se dé ninguna distinción por razones de sexo, color de piel, nacionalidad, creencias o cualquier otra circunstancia. Para que la igualdad contribuya a una sociedad más justa debe ir acompañada, como hemos expresado antes de la equidad. Esto explica la existencia de las llamadas discriminaciones positivas, que son ayudas extras que se dan a determinados grupos cuando están en condiciones sensiblemente injustas.
Derechos, obligaciones y oportunidades
En el caso de los hombres y las mujeres, la igualdad se manifiesta en que ambos tengan los mismos derechos, las mismas obligaciones y las mismas oportunidades.
Los derechos que debe poder disfrutar cualquier mujer son los que se derivan de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Entre otros, el derecho a la vida, a la libertad, a la seguridad personal, a no estar sometida a tratos crueles o degradantes, a poder acudir a los tribunales, a no ser arbitrariamente detenida, presa ni desterrada, a ser oída con justicia por los tribunales, a la presunción de inocencia, a que nadie se entrometa en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, a que no sufra ataques contra su honra y su reputación, a circular libremente, a salir de cualquier país, a regresar al suyo, a buscar asilo, a tener una nacionalidad, a contraer libremente matrimonio y fundar una familia, a ser propietaria, a la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión, de opinión, de expresión, de reunión y de asociación. Cada uno de estos derechos lleva aparejada una obligación, que consiste en la responsabilidad que se deriva del ejercicio de ese derecho. Por ejemplo, el derecho a la libertad de opinión debe acompañarse con la obligación de no limitar el mismo derecho de otra persona o no dañarla o difamarla sin motivo.
La igualdad de oportunidades, que también se deriva de la DUDH, consiste en que tanto varones como mujeres tengan las mismas posibilidades reales de alcanzar los mismos niveles de representación, de poder o de bienestar en una sociedad. Es lo que debería darse en los Consejos de administración de las grandes empresas, en las Academias o con quienes tienen alguna discapacidad.
Manuel Casal (San Fernando (Cádiz), 1950) es licenciado en filosofía por la U.C.M. y Catedrático de filosofía de Enseñanza Secundaria. Ha publicado varios libros explicativos de los textos propuestos para las pruebas de acceso a la Universidad, así como el titulado En pocas palabras. Aforismos. Ha participado en otros trabajos colectivos de diversa temática, como Mensajes en una botella, Ángel de nieve, Espíritu de jazz o El oasis de los miedos. Colabora en revistas y periódicos y mantiene el blog Casa L, en donde se reflexiona sobre asuntos de actualidad.
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