15 | Rayuela, de Julio Cortázar
Cielo de la rayuela
Siempre buscando el cielo
en cualquier parte
–las calles de París,
un ciego manicomio bonaerense,
los ojos sin mesura de la Maga–
y encontrándolo nunca,
hallándolo jamás, terco Oliveira,
mientras repasa tiernamente
los muslos de un bebé
y obtiene allí, como en el cambio
de una máquina,
la heladísima moneda de la muerte.
Rocamadour no está, pero tampoco
el amor de Lucía,
pero tampoco la música de Berthe
sonando para nadie,
ni tan siguiera Pola
junto a su pecho enfermo
y sus manos de ángel.
No es cierto el uno,
mucho menos el dos,
y olvídate del tres, Horacio.
Lo tuyo es el conjunto,
como mucho la síntesis.
La huida es lo cercano,
el mejor sucedáneo
de andar buscando siempre.

© félix molina, La prosa en verso, 2024
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