16 | Los postigos verdes, de Georges Simenon
Esto no es un nuevo caso del comisario Maigret
No todo se compone, querido comisario,
de algún oscuro crimen y las pruebas del caso.
También está la vida, con sus postigos verdes,
el corazón y sus lesiones,
representado por el musgo que crece
en el pecho de un cómico
que diríamos Charlot.
Nos da igual que lo fuese,
que fuese cualquier otro
con esa efigie pobre y granujienta,
tan digna en la ficción
de sonrisa o ternura.
Están aquí ese amor por lo bello,
sea espalda desnuda, o la línea sesgada
del horizonte junto al mar.
Ese sabor del tinto o del clarete,
mientras un sueño se declara cada día
más lejano,
y el alma de un anzuelo
emponzoña esa paz tan feliz
que acabará en hotel,
en amores pagados,
en la herida tan turbia y tan letal
de una muerte sin nadie.
Su Alice lo sabrá antes,
acaso en ese tren que se avecina
a un París en tinieblas:
el gran Maugin ha muerto,
sépalo usted, Maigret,
mientras le traen la prensa,
una cerveza, lumbre, un bocadillo.

© félix molina, La prosa en verso, 2024
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