El Rolls Royce Silver Shadow circulaba despacio entre la lluvia torrencial. Los faros de luz amarillenta apenas lograban alumbrar más de veinte metros. El fuerte viento zarandeaba los árboles situados en los márgenes de la carretera comarcal 25 como si fueran hojas de papel vegetal. Los dos únicos ocupantes del vehículo vestían aún sus ropas de gala; él su smoking negro con rayas grisáceas; ella su vestido de novia de blanco inmaculado con encajes también en el velo. Tanto uno como el otro llevaban los ojos casi pegados al parabrisas como si fueran a ver más de esa manera. La comarcal 25 era una carretera estrecha y curvilínea flanqueada de árboles. El velocímetro del Rolls Royce apenas marcaba los treinta kilómetros por hora, no era posible ir más deprisa. El sonido de la lluvia se mezclaba con el de la media docena de botes de lata colgados en la defensa trasera y arrastrados por el asfalto encharcado. Ella y él continuaban pegados al cristal delantero mientras las nubes no dejaban de soltar agua como si de una jarra sin fin se tratara.
En un cambio de rasante de la comarcal 25 y en medio del aguacero… una intensa luz entre azul y naranja apareció delante de ellos cegando sus miradas por un instante, una luz a la altura de las copas de los árboles. Ante esa situación y deslumbrados perdieron el control del vehículo que deslizándose por el mojado asfalto fue a parar a la cuneta llena de agua como río improvisado. Allí atascados entre el barro se abrazaron fuertemente…
En ese instante la luz se hizo más fuerte y cegadora si cabe. A la vez parecía acercarse más y más al coche. Muertos de miedo se abrazaron como nunca. La extraña luz se situó sobre el Silver Shadow de los recién casados. En ese momento Andrés abrió muy despacio la puerta del conductor saliendo como a cámara lenta entre el barrizal hasta alcanzar la parte delantera del vehículo agarrándose a la insignia del Rolls Royce. Rocío lo miraba impaciente e intrigada pero nunca hubiera imaginado lo que verían sus hermosos ojos negros….
Mientras Andrés trataba de incorporarse, una enorme mano como arrancada de aquel fogonazo sujetó a Andrés por el cuello y atrayéndolo hacia la luz lo hizo desaparecer delante de los incrédulos ojos de Rocío. Armada de gran coraje abrió la puerta y se dirigió al maletero, sabía que dentro de él había un hacha de buen tamaño, no podía permitir que aquella cosa le hiciera daño a su amado Andrés. Cualquiera que viera en ese instante a Rocío blandiendo el hacha sentiría miedo ante sus amenazas. Una serie continua de relámpagos iluminaron el cielo para que Rocío asistiera al espectáculo más espeluznante de su vida; los huesos de Andrés fueron cayendo uno a uno delante de ella y a continuación su ropa mojada, realmente empapada sin restos de carne ni piel, totalmente pelados. Rocío en ese momento se derrumbó bajo la lluvia arrimada a la rueda delantera derecha del Rolls Royce con los ojos fuera de las órbitas ante semejante y aterradora visión.
Aquella intensa y deslumbradora luz continuaba en el mismo lugar. Un aterrador sonido semejante a una risotada llenaba el lugar mientras llovía. De nuevo, se escuchó la misma y siniestra risotada, ésta vez más potente y profunda. Una palabra: » MORIRÉIS», creyó entender la joven recién casada y ya viuda….
En ese instante, saliendo del centro de la luz apareció otra vez aquella enorme mano con la intención de llevársela y dejar de ella sólo los huesos y su vestido blanco con encajes, sólo que Rocío no estaba dispuesta a que eso ocurriera; calada hasta los huesos literalmente blandió el hacha y con un golpe certero, seguramente el más acertado de su vida, partió aquella mano en dos partes simétricas de arriba abajo. La mano desapareció. Rocío se subió al coche para tratar de huir de allí, metió la llave en el contacto, la giró muy despacio y el motor del Rolls Royce arrancó con un sonido casi imperceptible. Se empezaba a desplazar muy poco a poco intentando salir de la cuneta. Los ojos de Rocío se quedaron abiertos y fijos sin parpadeo. La mano que ella había desgajado aparecía de nuevo, pero esta vez como dos enormes manos, cada mitad se convirtiera en una mano independiente que agarraba el coche; una tiraba hacia atrás y la otra hacia adelante con una fuerza increíble que comenzó a separarlo en dos partes con ella dentro. Todo el bosque se hizo de color naranja azulado entre el vendaval y la lluvia. Tras arrastrar su vestido blanco hacia la luz y dejarla con la piel empapada al aire, la enorme mano la llevó consigo hacia el naranja fulgurante.
Desapareció de repente, al igual que llegara bajo la lluvia torrencial. Uno a uno; cayeron dentro del Rolls Royce a través de la ventana superior: el cráneo, los omóplatos, el fémur derecho y el izquierdo, las tibias, los peronés, las falanges y hasta los 206 huesos se esparcieron por la carretera hasta llegar al río. El vestido de la novia no apareció jamás…
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