30 | Juntacadáveres, de Juan Carlos Onetti
Santa María, madre de ellos
Un oriente al oriente del oriente,
la broma de un país dentro de la broma de otro,
Santa María espera a sus tres putas,
Irene. Y Nelly. Y María Bonita.
Llegan para el amor, pero son muerte,
su afeite es de coronas y cipreses,
de alcanfor friolento derramado en los muslos
y larvas de carmín, tapando labios.
Vienen con Larsen, el contable falaz,
el oficiante oscuro, el hombre
despreciable y necesario
que todos los poderes
promocionan.
Y las esperan, resabios del Quijote,
un boticario y un galeno,
la izquierda y la derecha,
pero ambos lo mismo,
lo robado a la vida
de las gentes, al suspiro
que se cierne del mar
sobre la costa.
Juntan cadáveres, personas
que han dormido a su sueño
para vivir, extraños a sí mismos
(como Julita, con su penumbra
de loca y de viuda)
y anuentes a todo.
Los aguarda la sombra
marchita de las rosas,
un rumor sordo y lento,
como de tango antiguo,
como de viejo tango
que quizá no se escucha,
pero sigue sonando…

© félix molina, La prosa en verso, 2024
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