Una estela de otoños dorando las rocas,
y mi fragilidad retumba entre olas,
pues quiere irse en los perfiles inconsútiles
de horizontes deslavazados e inefables,
que me atormentan con azules abotargados.
A veces oigo el requiebro inevitable,
pues de cada ilusión hace su cicatriz la melancolía,
y el mistral sala la herida en mis labios sangrados,
con poemas clavando sus puñales en cada piedra,
al buscar el alma en los cantos rodados por esa marea,
que llora en los charcos sus aguas empozadas,
queriendo tener aquello que nunca tendría.
Me dijiste que no sabías lo que era el amor,
el amor era yo vida mía..
Cántame mar brava, todo lo que era se esfuma,
ahora soy el alma de cada roca,
que ama la ola que le castiga…
@Francisco Javier Salinas Poema e imagen
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