Carlos, escribía todas las mañanas. Lo hacía nada más cantar el gallo del corral vecino. Aquel día cómo tanto otros se sentó frente la la pantalla de su ordenador. En la mesa su acostumbrado café en su taza roja con aquellas letras negras que decían:” Eres el mejor escritor, nunca lo dudes”.
Encendió la pantalla y bien, todo estaba correcto. Así pues se dispuso a escribir un relato para un concurso de los muchos a los que se presentaba a lo largo de los meses. Éste, sin embargo, era algo diferente ya que el tema era ciencia ficción y sólo una vez había escrito sobre ello. Aún así empezó a teclear, sabía que era muy capaz de conseguir un texto de mil palabras exigidas en las bases.
“ Carlos, escribía todas las…” Esas fueron las primeras palabras que tecleó en su pc gris plata. ¿ Tal vez las últimas? Carlos seguía aporreando las teclas a toda velocidad, las ideas se generaban en su cerebro más rápido que nunca y él escribía al mismo ritmo. Con tanta profusión mental el café se quedó casi helado, no importaba, lo podía calentar en un momento más oportuno.
Sonó el teléfono móvil, ¿ Dónde está, dónde lo puse? Se preguntaba a la vez que rebuscaba entre la maraña de folios escritos y los engurruñados aún en blanco. Ahora, ring, ring, el timbre de la puerta. No sabía si seguir buscando el teléfono, si abrir o no hacer nada de ésto y seguir con su escritura. Una mano mal puesta sobre la mesa hizo que la taza se tumbara y su café empapara el teclado. En ese justo instante, una voz metálica salió como por arte de magia del ordenador: No toques nada, ya limpiamos nosotros y sí, ante su mirada incrédula, las teclas quedaron relucientes. Esa voz lejanamente femenina añadió:
Somos tú inteligencia artificial, hemos venido para ayudarte. Nosotros hemos creado la inteligencia artificial y por eso debes usarla en tú día a día. En realidad no tienes otra opción. Estamos inmersos en un proceso de expansión, bueno mejor dicho de “ invasión” en la tierra trece galaxias más. Cada uno de vuestros aparatos que llamáis electrónicos ha sido “ neutralizado “por nuestra tecnología inteligente, concluyó diciendo la voz que convertida ahora en un holograma de una mujer increíble figura abandonaba la pantalla.
En el viejo tocadiscos sonaba un tango de Carlos Gardel cuando, de pronto, un haz de luz de un intenso verde botella atravesó la estancia e impactó en el gramófono. Sin cambiar el disco empezó a sonar un tema de cante jondo andaluz que no tenía. En ese momento Carlos Cuoribe, uno de los más reconocidos escritores del país y totalmente opuesto a que la inteligencia artificial se utilizase en la literatura, se levantó de su sillón de mimbre y vociferó: ¡Nunca jamás las mentes artificiales suplirán a las humanas en éste campo, nunca mientras yo viva!, terminó diciendo totalmente fuera de sí. Los hologramas desaparecieron un par de segundos, sólo un par en la oscurecida pantalla. Al cabo de éstos, trece de aquellas formas virtuales se hicieron presentes. No venían en son de paz desde luego.
De nuevo la música cambió para escuchar la banda sonora de “2001, odisea en el espacio”, mientras más de una docena de rayos similares a los láser destruían cada mueble y cada enser de la casa. Ves lo que pasa por negarte, dijo uno de los visitantes. Siempre me negaré, aunque destruyas mi casa, aseguró él.
Aquellos seres virtuales continuaron con el ataque de manera despiadada. Carlos se escondía gateando para no ser alcanzado, tras percatarse de que sólo apuntaban por encima del medio metro.
El calentador de agua saltó por el aire iniciándose un fuego que terminó por destruirlo todo. Él miraba la que fuera su vivienda, extrañamente sin un atisbo de tristeza.
Pensaba que ellos mismos se habían destruido, espero que el resto del mundo se dé cuenta a tiempo y haga lo mismo que yo, así no se harán con nuestras vidas masculló entre dientes.
Carlos Cuoribe escribió días más tarde un artículo en la prensa nacional titulado:” La invasión de la destructiva inteligencia artificial…”.
Una tarde bajó, desde la habitación dónde estaba hospedado, a la cantina donde le esperaba la cena. A sus oídos llegó la voz femenina y a la vez Metálica, la que nunca olvidaría por mucho tiempo que pasará. Miró a la barra y junto a las botellas estaba aquella mujer de figura escultural de su ordenador. Miró a derecha e izquierda y lo que vio lo hizo palidecer.
Estaba viviendo dentro de un holograma.
@Carlos Cubeiro texto
@SERIOUS WONDER imagen
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