Crisis? What Crisis? por Manu

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Ha sido un verano un tanto diferente como decía hace unos días. Lejos de esa nada estival que era habitual en mi infancia el mundo parece estar cambiando. Sé que vivimos en mundo en el que cada vez que alguien afirma algo aparece de la nada el negacionista de turno (o la pandilla de haters profesionales que le siguen), pero creo que las noticias no dejan de mostrar ciertos cambios. El del calor en agosto lo descarto, porque yo tengo ese recuerdo de días y tardes infernales en verano, tanto en Madrid como en mi pueblo en Córdoba, pero la memoria es muy volátil, y los que postean las noticias me temo que son demasiado jóvenes.

Pero es evidente algo que se aprecia en cuanto metes los pies en el mar: el agua no refresca. Y por si acaso centenares de carabelas portuguesas (no naves, que pasó el siglo de oro) se agolpan en la orilla de playas del Mediterráneo y del Cantábrico. Como son animales y no escuchan nuestras discusiones eternas, creo que su criterio es más válido que el nuestro, y ellas han aparecido porque el mar ha subido su temperatura, así que negar el cambio climático es de seres mononeuronales me temo.

Cambia el tiempo, cambia la sociedad, cambia el mundo. No siempre entendemos los cambios, y no siempre parece que algunos de ellos sean para mejor. Observa uno en cada situación que acontece, y mucho más en las desgracias que venimos acumulando, que hay debate, supuestamente para llegar a acuerdos, pero el resultado es otro, uno que no cambia, y de nuevo odios y reproches ocupan las portadas. Un ejemplo reciente es cuando se habla de ayudar a los migrantes de Ceuta, gente invisible, sin nombre, que vienen de una situación desconocida y no tienen nada, pero lo sufren todo. Y en vez de sacar el lado humano (aunque hay mucha gente que sí lo está haciendo), aparece el grupo de los de siempre que empieza a demandar y reclamar que a los de aquí no se les ayuda, y que las personas que sufren situación de calle habría que ayudarles primero.

Acción reacción. Lo extraño es que antes de eso estos grupos no salen a las calles a pedir por los españoles y no españoles que viven en nuestras calles. Pero aparece la crisis de Ceuta y se inundan de imágenes de “los nuestros” españoles en situación de precisar ayudas.

Pero ha sido un verano complejo. Me faltan horas y vidas para seguir y recordar todas las desgracias, aquí y en otros lugares del mundo como Venezuela, Colombia, Gaza… Una desgracia da paso a la siguiente, y por tanto también al olvido de lo de ayer. Pero sería un buen momento, en cada crisis, dedicar un tiempo revisar si atendemos las necesidades básicas de las personas. Si buscamos viviendas dignas para madres solteras o maltratadas, con pobres en paro, separados en situación de calle, que lo han perdido todo por un terremoto, un incendio, un desalojo porque la vida no te permite pagar tu casa de siempre. De revisar si atendemos a nuestros mayores y menores, acompañados o no.

Revisar las ayudas prometidas a damnificados, de incendios, terremotos, danas, y otras catástrofes, pero que no son la noticia de ahora. Que son las víctimas, los nadies, de hace tres meses, un año o cinco. Revisar esos proyectos de acogida de refugiados cuando una guerra se alarga. Revisar cada una de las veces en que ha pasado una crisis humanitaria.

Me viene a la cabeza el título de un famoso álbum de Mike Oldfield, “Crises”, o ese otro de Supertramp, aquel “Crisis? What Crisis?” Porque parece eso, que ante cada crisis olvidamos las pasadas. Los de COVID persistente, los de sufren fibromialgias, enfermedades raras, niños TEA, personas que precisan las ayudas de una ley de dependencia aprobada, pero las necesitan antes de que fallezcan sus seres queridos. Olvidados los casos de bullying y acoso escolar hasta la siguiente víctima mortal. Olvidadas las manadas que violan mujeres, y olvidado todo lo que tenía que ver con los dispositivos que fallaban para proteger a las mujeres de la violencia de género.

De tanto cambio y actualización ya perdemos la cuenta de víctimas y damnificados. Solo ellos saben lo que es sufrir el olvido tras una desgracia, tras noticia, y más si es una noticia de verano. “Crisis? What crisis?”

Ojalá tras cada crisis surja la necesidad de revisar la asistencia a todos, y no solo tratar de paliar con migajas puntuales y promesas la prisa del momento. Ojalá no se regatee con los que padecen, ni ayudas ni mucho menos humanidad. Ojalá recordemos en vez de olvidar. Ojalá tras cada crisis ocurra lo que esa palabra significa.

Porque una crisis no es otra cosa que un cambio. La usamos de forma superficial para hablar de la crisis de los 40 o los 50 años. De la crisis medioambiental, que parece algo de otros. De crisis de confianza por sistemas políticos corruptos. De crisis de misiles, de crisis humanitaria. Cientos de crisis, pero…¡qué pocos cambios!

Los americanos (los de EEUU, que hay más americanos) le suelen poner a los casos que generan crisis el apéndice “gate” a la palabra. Watergate, Irángate, son algunos de los ejemplos. Y quizás ese “gate”, esa “puerta” debería ser algo que se abriera tras cada crisis que padecemos o de cada crisis que presenciamos. No podemos quedarnos sin cruzarlas, sin que cambie la situación de los que padecen sus efectos, a título individual pero también como sociedad.

Me gustaría que tras este verano la vuelta al curso traiga una revisión de nuestra forma de vivir y estar en el mundo. De exigir cambios. De demandarlos y pelear por ellos. De ayudarnos más unos a otros. De que en cada crisis abramos puertas y ventanas, y que tras cada una de ellas podamos cantar a Supertramp pero por la felicidad que da su ritmo y música y no para seguir preguntando lo mismo, sin obtener respuesta.

Hay otras preguntas que siempre tienen respuesta, y personas que responden, así que si te preguntas que dónde está el café, te diré…que está saliendo. ¿Café? ¿Qué café? La respuesta es fácil, café del mío, por supuesto.

Así que pregunta sin miedo. ¿Café?☕

@Manu

@Imagen Pinterest


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