No está bien colocado… pero no me digáis nada.
Ya lo sé. Ese libro está un poco torcido, quizá fuera de sitio, quizá colocado donde no corresponde. Pero yo, que he pasado media vida entre libros, tengo una extraña indulgencia con ellos: mientras estén ahí, acompañando, me parece que todo está bien.
A veces miro fotografías de casas preciosas. Salones perfectos, muebles escogidos con exquisito gusto, flores, lámparas, objetos que parecen haber encontrado su lugar exacto. Y, sin embargo, busco una librería y no la encuentro.
¿Dónde están los libros?
Porque una casa puede ser elegante, hermosa, impecable… pero los libros le dan otra cosa. Le dan memoria. Le dan conversaciones que todavía no han ocurrido, viajes que esperan en silencio, personajes que un día se sentarán con nosotros a la mesa.
No necesitan estar perfectamente colocados.
Un libro un poco torcido sigue siendo un libro. Y quizá hasta me gusta más así: como las cosas verdaderamente vividas, que rara vez permanecen en su sitio.
Así que no me digáis nada. Dejadlo ahí.
Está donde tiene que estar: cerca de alguien que todavía lo puede abrir.
Albacete, 4 de septiembre de 2026.
María de los Ángeles Díaz-Marta ha sido librera y escribe (madiazmarta@gmail.com).
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