El racimo de uva es perfecto, una joya con sus esferas de brillante granate. Es aplastado para obtener el regalo de su sangre. El sufrimiento es la fermentación del amor fallido. Requiere los secretos del tiempo, la alquimia de los misterios del corazón, antes de convertirse en exquisito champagne. En ese proceso miles de burbujas doradas ascienden a la superficie y estallan liberando chispas del dolor. El sufrimiento es como un niño pobre de un cuento de Dickens, quiere ser abrazado, escuchado, no rechazado, a menudo esconde una llave a la felicidad.
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