Siempre estuvieron ahí, mucho antes que el Manifiesto Gallego o la Revuelta de los Irmandiños, creciendo a mares desde Viana do Bolo a Corcubión en serenísima fila india, amenazando con llegar a ser árboles, pero de la amenaza al susto y se quedaron como arbustos deshilachados y plagados de cicatrices como costurones de navajazos. Como dice el Sabina, supongamos que hablo de la Berza, de ese vegetal al que adoran los nativos de Galicia en todas sus versiones, aderezadas con gala de patatas, aceite de oliva o solas y patinando sobre el agua. Como para si comer fueran, las pobrecitas han acompañado las hambrunas como fieles guardias pretorianas y han regalado a los indígenas flatulencias y se pegaban a los dientes como sanguijuelas, y así no se puede conversar en serio con la Berza de por medio tapando los caninos.
Nuestra querida Berza no tuvo sus exegetas como si los tuvieran los nardos y las camelias, ni tan siquiera como el jamón al que Otero Pedrayo en su pancista poema llama “Rosa do pote” y otras lindezas de hambriento de cerdo. Si no fuera porque aún queda una miaja de vergüenza los guarros se llevarían un tocho de poemas como el Quijote. ¿Se imagina un poema al solomillo, a la cachucha con cachelos, al lacón bien cocido, o a los chicharrones? Todo se andará y seguro que algún bando echa mano de estas sugerencias y con ellas se gana el Esquío..
Sigamos, la berza se nos ha subido a la chepa y devoró las fincas que podían ser jardines o que las podían tener mareantes mares de marihuana, o fresas, o magos y chirimoyas, pues así podría decir el poeta: ¡Me gustan las mujeres con sabor a mango y caña nueva! ¡Qué coño! Bien dicho y no como diría el nativo: ¡Me gustan las mujeres con sabor a berza madia leva!
Avergonzados y vencidos por esta exclusiva querencia del susodicho vegetal, no ha quedado más remedio que hacer plantaciones subacuáticas en los ríos del país y, ya se sabe, la berza pasada por agua como los huevos resulta por blandita y mojada más digerible y ¡que carajo! No se ven las plantaciones ni tenemos que dar explicaciones a los turistas sobre el origen de mi amada Berza.
Aunque, bien mirado, en el escudo de Galicia no estaría mal un cogollito de berzas para acompañar las estrofas de los pinos numerosos de esta región.
@Joaquín Lourido.-Cee – A Coruña (España)
@Imagen Pinterest
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