Tengo en mi alma cientos de carpetas acumuladas con papeles viejos que se niegan a morir en las interminables bibliotecas del corazón. Todo es un caos de historias que se desesperan por sobrevivir en el océano de inmortales memorias.
Veo rostros amados congelados, singulares imágenes con una valentía digna de los mejores soldados que fueron curtidos hasta el hartazgo en el febril arte de la resistencia. Y voy comprobando con el paso lento de esta madrugada aciaga y tormentosa de recuerdos mojados que trae la lluvia fresca después del oprobio del calor, que alguien silencioso y secreto me está dictando estas palabras detrás de las puertas del pasado y se van acumulando en el espacio estrecho de mi escritorio, llegando sin avisar, apretadas y cansadas después de un largo viaje de años a través del tiempo.
El silencio y la soledad, esas pasiones inquebrantables y fundamentales de la escritura te hacen escuchar voces y palabras lejanas que fueron gritos en el ayer por la intensidad con que fueron escritas. Siempre están en mí como laderos insobornables, custodiándome del acecho peligroso y siempre latente de la monotonía y la mediocridad.
Pero los números a pesar de su frialdad y contundencia también son capaces de parir emociones.
Observó mi biblioteca de reojo y siempre está igual de silenciosa y fría a pesar de recibir regulares visitas, hallazgos sorpresivos y regalos de compras de ofertas ocasionales antes que ese libro agonizante muera de oscuridad.
Una vez me preguntaron cuántos libros tenia en mi biblioteca y les dije con exactitud en ese momento, lo recuerdo muy bien porque fue algo reciente…» 1314 hoy, pero siempre se va modificando», agregue con cierto orgullo por esa manía de ordenar y clasificar que nunca perderé.
» ¿ Y los leíste a todos?, preguntan incrédulos casi siempre con la esperanza de recibir como respuesta una negativa natural.
» No solo los leí una vez sino que también dos y a veces hasta tres veces si es un clásico. Además todos tienen un número de pertenencia sin más jerarquía que el año en que fue adquirido y pasó a nacer en ese tiempo de mi vida, con el agregado de una modesta crítica literaria de lo que ese azaroso libro de cuentos, novela o poesía produjo en mí, la forma en que me modifico el alma y el corazón e incluso a veces hasta la mente.
Uno nunca es el mismo después de leer un libro, por lo general se recuerdan algunos párrafos que nos han mejorado involuntariamente, las frases que se nos clavaron certeramente en el corazón para siempre como una flecha prodigiosa que no nos queremos arrancar y así andamos por la calle como si nada, con la flecha humeante todavía bajo la piel, entre las ropas que van sangrando letras perdidas a cada paso.
Me gusta enfrentar mi biblioteca y no saber por dónde empezar, no tener puntos de referencia para buscar, solo la frágil memoria de algún sitio especial dentro de ese universo. No tengo zonas ni libros del mismo autor uno al lado del otro, ni tampoco padezco esa terrible enfermedad de las colecciones numeradas, todo está a la vista para gozar el privilegio de explorar, la belleza de perderse de punta a punta sin mapas, la felicidad de encontrar lo que creíamos perdido, muerto o desaparecido por amigos traicioneros o amantes infieles que abusaron del verbo prestar y que nunca los olvido en mi genuino rencor.
Para mí son asesinos más que ladrones de libros porque un libro es más que un libro. Un libro es aquella caminata infinita junto al río cuando llega la noche, la primera vez de cualquier cosa, una conversación inquietante y apasionada alrededor de unas tazas de café en el rincón más oculto y solitario de un bar que nunca cierra en una ciudad extraña y extranjera. Un libro es un viaje infinito en autobús por las autopistas del recuerdo. Un libro es un nombre de mujer escrito en los márgenes suicidas del otro lado del mundo, los ojos de amor de un animal querido.
Un libro es una madrugada insomne repleta de fantasmas que ríen a tu lado. Un libro es la nostalgia de sentir a cualquier hora y en cualquier parte esa sed por leer que nunca se acaba, que siempre se renueva.
Un libro es, siempre lo supe, una de las formas de la felicidad pero no todos lo saben, es un secreto popular que todos ignoran.
@Jesús María Cello.
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