Conocerse a uno mismo, algo que, aunque de vez en cuando nos pasa por la cabeza, siempre lo dejamos para otro día. Y bueno, ¿Cuándo será el día? No lo sé. Quizá nunca.
Este aforismo tan antiguo se ha transmitido a través de la historia y yo me pregunto, ¿De qué vale conocerse a uno mismo? Pues puede valer o no.
Pero como es algo que viene de la antigua Grecia hay que tomarlo en cuenta, ¿No? Acuérdate de aquello que dice que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Si desde esa época nos están diciendo que debemos conocernos a nosotros mismos, pues debe ser algo que debemos hacer, o no. Pero, ojo, que el resultado de esa búsqueda interior quizá no nos haga gracia alguna. Es muy posible que encontremos que no somos mas que unos estúpidos. Además es posible que el diablo no sea sabio por viejo, si no por diablo. Todo vale, ¿No?
Pero bueno, dicen los expertos, (¡Ay los expertos!) que tenemos que ser conscientes, convencidos y valientes e intentarlo, salga lo que salga, resulte lo que resulte, sin importarnos si después de tal inquisición terminemos en un manicomio. Nos debemos lanzar al vacio de la psique, o sea del alma, como la llamaron los griegos de la antigüedad, y averiguar quiénes somos.
¿Será ese el propósito de la vida, el conocernos a nosotros mismos?
Bueno, analizando bien la cosa por los cuatro costados yo me pregunto ¿Para qué nos sirve tal cosa? No creo que ese conocimiento psicológico nos haga más rico, o más poderoso, o más guapos. Y si no sirve para esas cosas tan importantes de la vida, para que va servir. Eso no lo sé tampoco, yo solo pregunto. Como dije antes a lo mejor nos hace ver que no somos otra cosa que paletos tontos…
Pero bueno, asumiendo que los filósofos de la antigüedad eran grandes sabios, nos enfrentamos a la nuestra modernidad llevando al lomo sus aforismos, sus dicharachos y sus (supuestas) verdades. Nos creemos listos y cultos si sabemos babosear por ahí frases en latín (o en griego, en inglés o en chino), a veces sin siquiera saber, a cabalidad, lo que significan las palabras. Nos empachamos de conciertos de música clásica, (música culta) de visitar museos llenos de famosas esculturas romanas y cuadros renacentistas, de ir a visitar ruinas arqueologicas, etcétera. Pero cuando llegamos a casa, cansados de tantos conservatorios, teatros, museos, sitios arqueológicos y demás cultura, lo único que nos apetece es una buena copa de vino tinto (de Utiel-Requena para mí), unas rodajas de chorizo y un buen queso manchego. Anda, y dime que no…
Así que, en mi humilde opinión, prefiero no conocerme y seguir como estoy. Porque por ahí hay otro dicho que yo sé que has oído, “mejor es el mal conocido que el bueno por conocer”. Por eso mejor dejo a mi ser interno sin conocerlo, merodeando por las tinieblas del alma, pues si lo traigo a la superficie y lo conozco quizá me aburra o lo deteste, o peor, me quite lo que más me gusta de este yo con quien convivo.
Francisco Bravo Cabrera – 23 de noviembre de 2024, Valencia, España
Enviaseló a tus amigos:
- Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Compartir en Mastodon (Se abre en una ventana nueva) Mastodon
- Compartir en Bluesky (Se abre en una ventana nueva) Bluesky
- Más
- Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn
- Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X
- Haz clic en Pinterest (Se abre en una ventana nueva) Pinterest
- Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico
Descubre más desde Masticadores
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.