viernes, julio 17 2026

La leyenda del cuervo y la doncella por Francisco Javier Salinas

Como cada noche , en las inmemoriales edades del mundo , mis hermanos y yo , nos congregamos sobre el árbol de las almas abandonadas , donde Azazel abriendo su libro negro , va apuntando los nombres de todos aquellos, que recogemos en nuestras alas.

Después nos disgregamos en los cardinales del planeta , escalando corrientes de mares profundos, oteando la piedra cayendo por la montaña….Y somos atraídos por ánimas rotas cuando la carne perece, allí quedan, solas !!, inútiles, para que nosotros las anillemos en nuestras garras.

Me gusta volar alto , más allá de las nubes , donde el frío besa y desgarra , no hay sonidos de la tierra, sólo arrullos que el viento insufla , en las plumas color obsidiana, viajo siempre hacia el norte, donde el invierno llora hielo, y sacude su pelo cano con profundas nevadas.

De pronto la escuché , envuelta de muerte , agarrada al hálito que se quebraba , un eco adánico rodeaba el aticismo de su agonía anunciada. Descendí plegando mis escápulas, hasta las más recónditas y desoladas montañas, donde la nieve impoluta, retoza desolación en la aridez de sus pestañas.

La doncella se hallaba tumbada al pie de un paraje recóndito , donde rara vez el hombre se adentrara , a un suspiro de la muerte su rostro venusto resplandecía, tal era su belleza ebúrnea que su soledad la escarchara con guirnaldas fulgentes la coronaban estrellas , para engalanar su tumba temprana.

Me aproximé a la altura de sus ojos, y le hice una pregunta que me rondaba:

– Temes a la muerte ??.

Nó , a la muerte no ! – me respondió – sólo a este vacío que me desgarra.

Oh dioses !, cubrid su rostro – pensé yo – pues la belleza contiene puñales que al corazón desgarran, y la soledad habla de amor, cuando éste pasa.

Y en aquel último suspiro recogí su alma , la abracé con mis alas negras , temblé ante tal fragilidad , yo que he transitado sobre el tiempo y he volado entre edades del mundo , que conozco la oscuridad de ánimas enmascaradas con piel inocente , y la ternura de las bestias tras la faz deformada .

No pude entregarla al árbol de los caídos ,pues que es la razón , cuando el corazón abraza la emoción , y la soledad es una nación , donde todos morimos , que es la soledad , sino esa oquedad, donde queda lo que perdimos , y le hice una promesa entre susurros de mi pico :

– Yo entraré en ese vacío , lo llenaré de historias que dejaron esos olvidados al llevarme sus almas; » La anciana que murió sin una caricia del hijo , el niño sin conocer abrazo del padre, y madres huérfanas del calor en una mirada exánime»

Y por primera vez no cumplí mi cometido , volé con prestancia hacia el primer bosque nacido, cuando la tierra era joven creciendo en magia , cuando los ángeles no morían soñando , y los sueños vivían posados en cada rama.

Allí en lo más profundo reposa un lago llenado de lágrimas, pero olvidaron dejarle un alma, donde existir siendo memoria y no tan solo palabras.

– Doncella ! , duérmete y suéñate agua , llena de recuerdos los nenúfares , baila en las profundidades reflejos del Alba , tinta superficies con azules del cielo , para que lama su herida la soledad hasta esa sed fuera saciada .

Y CUENTAN LOS ANTIGUOS;
QUE HAY UN LUGAR DONDE,
NADIE PODER LLEGARA,
Y EN SU LAGO CADA NOCHE,
BAJA A BEBER UN CUERVO,
NEGRO CUAL DESESPERANZA,
PARA CALMAR SU SED,
DESCUBRIENDO POR CIERTO,
A QUE SABEN LAS LÁGRIMAS.

@JAVIER SALINAS


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